ADMO, Asociación para la Donación de Médula Ósea en Extremadura, es una ONG solidaria con personas enfermas necesitadas de un trasplante de células madre sanguíneas como único recurso para su curación

Opinión. 'Consumir lo que nos echen... Hacia un consumo responsable y crítico'


Yo compro siempre en el Centro Comercial que hay de todo y es más barato… Por cierto, están cerrando una tienda en el centro, aquí, en el pueblo… ¡Qué pena!... Yo no soy racista pero la culpa es de los chinos… Pues dicen que hay una isla de plásticos flotando en el océano pacífico… Hay países que nunca van a salir de la pobreza, mira en África siempre hay guerras... La semana pasada cerraron tal fábrica en el pueblo de al lado, con 40 trabajadores, todos y todas a la calle… La compañía me da el móvil por 5€ al mes, estoy deseando cambiarlo...

 


Estos comentarios los podemos escuchar en cualquier sitio, en boca de cualquier persona y nos vienen muy bien para hablar del tema que hoy nos ocupa: el consumo.

Necesitamos consumir para vivir, necesitamos alimentación, vestido, calzado… necesitamos comunicarnos, informarnos o desplazarnos, son necesidades incuestionables que nos acompañan a lo largo de toda la vida. También tenemos necesidad de vivir en un mundo más justo. Si  preguntamos a un grupo de personas cualquiera, seguramente escucharemos cosas como: que se acaben las guerras, que haya alimentos, educación y salud para todas, que no tengamos que emigrar para buscarnos la vida...

Cuando escuchamos hablar de cooperación o de desarrollo, se nos vienen a la cabeza palabras como ongds, gobiernos, política exterior, presupuestos anuales... pocas veces pasa por nuestra mente relacionar cooperación y desarrollo con consumo. Sin embargo están estrechamente unidos, aunque no nos demos cuenta; aunque, en ocasiones, no queramos verlo, lo que consumimos o cómo lo hacemos influye tanto en el modelo de sociedad en que queremos vivir como en el tipo de desarrollo que queremos apoyar, porque consumir forma parte de la construcción del mundo en que vivimos.

Podemos ser distintos tipos de consumidores/as, pasivos, conformistas, compulsivas, seguidores de modas, irreflexivos, moderadas, acomodados y también consumidoras conscientes y críticas, que intentamos tener en cuenta las consecuencias de consumir un producto a la hora de adquirirlo.

Y esto ¿Cómo se hace? ¿Cómo se consume de forma responsable? Nos tenemos que hacer algunas preguntas y buscar la información que necesitamos (1), poniendo consciencia en lo que consumimos.

¿Realmente necesito lo que voy a comprar? No siempre la respuesta es SI, a veces podemos aplazar una compra, hacerlo nosotras mismas, adquirir menos cantidad, o simplemente ser consciente de que no necesito ropa nueva cada temporada o puedo pedir prestada una herramienta que voy a usar una o dos veces. Se habla mucho de reciclar y poco de REDUCIR el consumo, sin embargo, ésta es la línea que proponen los numerosos colectivos y personas que están detrás del Decrecimiento (2), un movimiento que va a la raíz del problema y desafía el concepto de un mundo productivo-consumista.

¿En qué condiciones laborales y sociales se fabrica? ¿Cómo afecta al medioambiente aquí y en el lugar en el que se produce o fabrica? ¿Daña la salud de las personas?

¿Reciben las personas un salario digno, tienen condiciones seguras de trabajo, se respetan sus derechos? Dependiendo de a quién compremos estaremos facilitando un determinado tipo de relaciones laborales, apoyando una u otra economía. Si no estamos de acuerdo con la deslocalización (cuando se llevan la producción de una fábrica a países donde no hay regulación laboral, social...), asociada a un modelo de empresario/a de “éxito”, que busca el máximo beneficio sin importarle las consecuencias, si no queremos que se vuelvan a producir hechos como los del Edificio Rana en Bangladesh (3) donde murieron 1.135 trabajadoras/es y 2.500 resultaron heridas/os, personas que trabajaban para las grandes cadenas textiles occidentales, nos tenemos que replantear qué compramos y dónde lo compramos (4).

Si indagamos un poco, podemos encontrar la conexión que hay entre un teléfono móvil y la guerra del coltán (5), en la República del Congo, donde se han producido en los últimos años miles de asesinatos y violaciones a causa de la explotación de un mineral básico para la industria tecnológica. También podemos averiguar si un producto procede de un país que viola los derechos humanos y negarnos a comprar, como en el caso de Israel, que sufre boicots a sus productos a causa de la ocupación de Palestina y su repetida violación de los derechos humanos (6)

Podemos comprar alimentos que vienen del otro extremo del planeta, procedentes de monocultivos para la exportación, que impiden el desarrollo de la agricultura local, condenando a zonas enteras al hambre y la miseria, o consumir localmente y lo más cerca posible al productor/a, contribuyendo a la economía local.

A veces el discurso sobre el consumo local tiene tintes xenófobos y racistas. Confundimos el consumo local con comprar a la gente del pueblo o en tiendas del pueblo y el rechazo a todo lo extranjero. Si lo que se vende en una tienda viene de miles de kilómetros de distancia no es consumo local, independientemente de la nacionalidad del tendero/a. Lo que plantea el consumo local es apoyar la adquisición de productos de la zona, o lo más cercanos posible, producidos en condiciones dignas. Se cuestiona el absurdo de comprar tomates o lentejas de México o Perú y exportar los nuestros a Holanda, en la lógica surrealista de la globalización, donde el coste medioambiental y social no se refleja en el precio final. El transporte de mercancías de un punto a otro del globo es responsable de gran parte de los altos niveles de contaminación que existen en nuestro planeta, tanto por la emisión de gases como por la alta demanda de petróleo que supone este modelo.

Hay otras cuestiones que podemos tener en cuenta a la hora de decidir qué y dónde comprar, entre ellas, si los componentes o ingredientes del producto dañan nuestra salud, por ejemplo, es preferible consumir alimentos lo menos elaborados posible y que no contengan transgénicos o petroquímicos. Hay una manera sencilla de localizar estos ingredientes: si al leer la etiqueta nos encontramos con ingredientes que no podemos pronunciar, lo más seguro es dejarlos en la estantería del supermercado.

Consumir crítica y conscientemente supone prestar atención a lo que compramos, eliminamos muchos productos innecesarios y poco saludables, gastamos menos dinero y contribuimos a cuidar el planeta y a las personas que lo habitamos ¿a qué estamos esperando?      

(1) http://issuu.com/inexsos/docs/consumoresponsable 
(2) http://www.decrecimiento.info/
(3) http://www.elmundo.es/elmundo/2013/04/25/internacional/1366885756.html
http://www.eldiario.es/desalambre/victimas-Rana-Plaza-esperado-demasiado_0_252325703.html
(4) http://www.ropalimpia.org/es/
(5) http://www.elmundo.es/internacional/2014/02/16/53012511ca474166728b4574.html
(6) http://www.eldiario.es/catalunya/campana-BDS-Israel-funcionando_0_225027638.html

Este artículo forma parte del proyecto Mudalmundo VI “Cooperando en Comunidad”, desarrollado por el Colectivo CALA y financiado en parte con dinero público a través de la AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo)

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