Una mujer presa en el cuerpo de un hombre

La historia de una transexual. María Becerra, de Ribera del Fresno: «La naturaleza se ha equivocado y no pasa nada. Soy una mujer»

Iniciamos una nueva sección donde cada mes publicaremos un artículo destacado de la edición impresa. En esta ocasión, comenzamos con un reportaje elaborado por la periodista Ana Picón Gómez sobre la historia de María Becerra. Este mismo artículo puede leerlo en el periódico de papel publicado hoy.

Fuerte, luchadora y feliz. Las tres palabras que mejor describen a María Becerra Méndez, la primera chica transexual de Ribera del Fresno. Con 19 años recién cumplidos estudia peluquería y estética y ha conseguido ser lo que realmente es: una mujer. Todavía queda un largo y empedrado camino, pero ya no hay vuelta atrás, es su sueño y lo va a conseguir.  


A María le gustan las cosas “de niñas” desde pequeña, como los juguetes, aunque tenía los que le regalaban, que eran los socialmente asignados a niños.. “Tú eres una niña y no sabes lo que significa la palabra transexual ni homosexual, no sabes nada, y vives como un niño porque te ha tocado. Pero siempre tienes la cosa de que eres diferente, te sientes diferente”, nos cuenta.
Cuando María empezó a tener conciencia confiesa que se dejó llevar por las ideas que imponen la sociedad: “Yo pensé, si soy un niño y me gustan los niños, seré homosexual”. Con 14 años entró en una depresión y su madre la llevó a ver a una psicóloga de Almendralejo que, tal y como nos cuenta, la identificó de homosexual y fue ahí cuando “salió del armario”. Realmente ella creía que era un niño gay y que todos los homosexuales se sentían de la misma forma. “Es muy importante que yo no estoy a gusto con mis órganos genitales masculinos, pero pensaba que todos se sentían como yo. Cuando me di cuenta que no podía mantener relaciones sexuales supe que no era gay”.  
Hace aproximadamente un año que la psiquiatra privada a la que acudió después, se refirió a María como “ella” y  dijo que necesitaba empezar con un tratamiento hormonal. “Ahora ya puedo hablar, la naturaleza se ha equivocado y no pasa nada”, relata, “soy una mujer”. Desde entonces su vida ha cambiado, entró en contacto con Fundación Triángulo, a la que le agradece el poder conocer a otra gente ‘trans’ y no sentirse sola. “Yo me acuerdo de llorar de la emoción de decir no estoy sola, tengo apoyo, tengo gente, tengo mi familia, no puedo pedir más. Y hasta el día de hoy, ahora mismo llevo una vida de niña totalmente”.

 

María nos cuenta que lo más difícil ha sido aceptarse a ella misma. “Dar el paso es lo más difícil, porque tenía miedo. Realmente decir tengo que ser feliz con todas las consecuencias que vengan, hay que ser fuerte”. Ahora tanto ella como su familia, que la han apoyado y querido siempre, se sienten mejor. María sobre todo es feliz.

 

Leyes, reconocimiento y cambio de sexo

 

La transexualidad es considerada todavía hoy una patología en muchos países y organismos internacionales. En 2013 dejó de ser una enfermedad mental en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría  (APA), sin embargo la OMS (Organización Mundial de la Salud) sigue catalogándola como una dolencia. Según Transgender Europe, 34 países europeos fuerzan a las personas ‘trans’ a someterse a esterilización, divorcio o diagnóstico de enfermedad mental para que se le permita cambiar el nombre y el sexo. Esta situación se ve endurecida en muchos países fuera de Europa.

 

En España la Ley 3/2007 requiere, para el cambio de sexo y nombre, el diagnóstico de disforia de género y dos años de tratamiento hormonal (siendo ampliado a los menores y a personas extranjeras). La lucha del colectivo ‘trans’ y muchas asociaciones españolas, como Fundanción Triángulo o Fundación Daniela, es muy importante para el progreso de leyes y políticas sociales que ayuden a erradicar la transfobia y fomentar una igualdad real. Leyes Integrales de Transexualidad empiezan a ser una realidad en diferentes comunidades autónomas como Andalucía, pionera, donde ya está aprobada.

 

En Extremadura se aprobó en marzo del 2015 la Ley de Igualdad Social de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgéneros, Transexuales e Intersexuales y de políticas públicas contra la discriminación por homofobia y transfobia. María, que está empezando ahora con sus contactos médicos en la Seguridad Social, todavía tiene que acudir a psiquiatras. Pero asegura que las cosas están cambiando, que no la tratan como si tuviera una enfermedad y que pronto abrirán centros especiales para estos casos. “Es increíble cómo hemos avanzado tanto en tan poco tiempo”, nos dice.

 

La operación de cambio de sexo, la vaginoplastia, es la única que María tiene pensado hacerse, por lo menos hasta ahora. Lo hará por la Seguridad Social porque de forma privada es bastante caro, según conocidas suyas, alrededor de unos 20.000 euros, algo que muy pocas personas se pueden permitir. Lo peor es que la lista de espera es muy larga, para algo tan necesario. “Es que claro yo nunca me he sentido bien con el órgano masculino, pero cuando empiece el tratamiento voy a empezar a pensar como una mujer completamente, entonces me puedo hasta desmayar cuando me vea eso. De hecho, una anécdota de una amiga es que fue al baño por la noche, ella para tocarse eso se pone hasta guantes y, aun así, se desmayó. Es que imagínate que es una parte tuya que no es tuya. Es muy difícil de explicar”, cuenta. Realmente son mujeres presas, encerradas en un cuerpo que no es el suyo, con el que no se identifican. “A mí no me importa ser guapa o fea, alta o baja, solo quiero ser una mujer y que se me trate como tal”.

 

Ganar la batalla a la transfobia

 

La homofobia y ahora la transfobia siempre han formado parte de la vida de María desde pequeña. Recuerda en el colegio cuando se sentía sola, todas las veces que le han llamado “maricón” y hasta ahora, que sufre algunos episodios desagradables, como lo que le pasó hace pocos fines de semana en una discoteca de Almendralejo: “Estaba bailando con mis amigos y entonces vino una pandilla y uno me arrancó la peluca delante de todo el mundo y salió corriendo. Sin yo conocerlo, solo porque era una chica ‘trans’. Estas actitudes ya se pueden denunciar a las autoridades, pero lo más importante es denunciarlo socialmente. No ser cómplices. “Es discriminación, la gente no nos entiende y somos la burla”, dice María, que a pesar de estos hechos puntuales asegura que la mayoría la respeta y acepta, aunque no lo entienden. “Parece mentira pero en los pueblos es donde más aceptación tenemos las personas ‘trans’. Aquí te conoce todo el mundo desde pequeña y, aunque no lo entiendan, lo respetan”. “Sí es verdad que a veces me cuesta salir a la calle, porque aunque yo sé que soy una mujer 100%, hay mucha gente que no lo entiende”.

 

No lo entienden por ignorancia, María piensa que la transexualidad sigue siendo un tema tabú y que muchos ni saben diferenciar conceptos. “Piensan que un transexual es un gay vestido de mujer en una esquina, y no es así”. La transexualidad tiene lugar cuando la identidad de género y el sexo biológico no concuerdan. María es transexual, nació biológicamente como hombre, pero es una mujer. Según la Fundación Triángulo, “el ser transexual no tiene relación alguna con la orientación sexual. Incluso la mayoría de las personas transexuales son heterosexuales”. Tampoco hay que confundirlo con el concepto de travestismo o transformismo. El travesti usa ropas distintas a las del sexo con que se identifican y el transformismo es “una expresión artística donde una persona asume para un espectáculo un rol o identidad de género distinta a la que le corresponde”.

 

Son personas. Personas normales como María que, con una u otra etiqueta, se merecen respeto pues no están haciendo nada que no sea decidir sobre sus propios cuerpos, ejercer su libertad individual, su derecho a ser. María ha sufrido y sufre los daños de una sociedad educada en la ignorancia y pocas veces en la tolerancia. Pero no es una víctima, es una superviviente, fuerte y luchadora. Es una mujer.