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Deseo, ataraxia, serenidad

Pienso que podemos trabajar el desapego y nos podemos llevar así toda la vida, pero seguiremos sintiendo apego, mientras nos creamos un yo, poseedores de una identidad. En el momento en el que éste desaparezca, ya no hay apego ninguno a nada. El factor del apego es el creerse un yo, la identidad, que crea la diferencia y la dualidad. Sin yo, no hay ni apego, ni dualidad. Entonces es cuando de verdad puedes sentir compasión y no juzgar.

Aceptar lo que hay y no juzgar. Nada importa nada. Ya lo decían los sabios griegos y también el Taoísmo. No hacer nada con intención. El principio de la no acción, que no significa estarse quieto, sino, estar en lo que se hace sin ver un fin, sin intención, sin dualidad, por tanto. Dejarse fluir. Ser, Devenir.

Si juzgas intervienes. Divides entre buenos y malos. Tú, de los buenos, los otros, de los malos. No, el problema es que el deber ser es inventado. El Ser es lo único que hay. Esto desde el punto de vista ético, no legal. Legalmente tiene que haber leyes y jueces, claro y poder ejecutivo para crear leyes, mientras menos mejor. El mejor gobernante es el que menos manda, el perfecto el que no manda nada. Es una idea del Tao Te King. Y, también, nos dice el evangelio, Al Cesar lo que es del Cesar, a Dios lo que es de Dios. La cuestión es no escindirse. Los juicios suelen salir de la rabia, la ira, la indignación. Qué solucionas con eso, además de atormentarte y pensar que todo está mal. Y piensas que todo está mal para poder justificar tu propia vida. Porque juzgamos para autojustificarnos. Qué pasa si no juzgamos, prueba. También lo dice el evangelio: tal y como juzguéis así seréis juzgados. Una metáfora, como todos los evangelios, por otro lado. El juicio es nuestra propia vida. Mientras más duros sean nuestros juicios más difícil es nuestra vida. Somos nosotros los que nos impedimos vivir encerrándonos en nuestro yo particular que se aferra a los juicios para interpretar el mundo inventado que lo protege. Porque en el fondo está nuestro yo interior herido y vulnerable. Pero si nos deshacemos de este yo que juzga, ya no hay apego. Porque es el yo el que desea, por eso juzga. Porque el juicio es una forma de desear. Por eso es necesaria la apatía o el desapego, como le queramos llamar. Nuestra tradición siempre lo ha llamado apatía o ataraxia. Son cosas distintas. Es preferible el término de ataraxia: serenidad, equilibrio, paz. El término desapego es muy ilustrativo, pero está siendo usado demasiado y no contiene toda nuestra tradición.

Si no juzgamos, nada importa. Eso no significa que no tengamos sentimientos, ni emociones, sino que nuestros sentimientos y emociones son los superiores, los que no alimentan al yo y a los deseos, como es, el coraje o valor, la compasión, el amor incondicional, la alegría, la paz…

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