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El progreso y los esclavos

“La perversión del progreso es el veneno que corroe nuestro tiempo”. Simone Weil

Ocurren fenómenos a los que se les denomina sincronías. Hace poco leí un libro, porque el tema siempre me ha interesado, que se llama “Manifiesto contra el progreso”. Meses después un amigo puso algunas citas sobre el libro y le comenté que lo había leído y me parecía genial. Quizá porque veía retratado en él mi pensamiento, pero, además de eso, porque es un libro contundente, con temple y argumentado.

 

No son opiniones, sino ideas lo que allí aparecen. Y, poco después, me llega un encargo de libros en el que me viene, de nuevo, “Manifiesto contra el progreso”. Pensé en leerlo de nuevo, es una cosa corta y, además, siempre le viene bien al ego que le digan lo que él piensa, jaja. El caso es que, tras un comentario que hice estos días sobre el progreso y las TICs, pues alguien salió a mi encuentro, sin argumentos, por supuesto, y afirmando que el progreso estaba muy bien y que es muy fácil criticar el progreso desde el progreso, que si no quiero progreso, que me vaya a la selva, en fin, este nivel de argumentación al que, por desgracia ya estamos acostumbrados en las redes sociales y nos hacen perder el tiempo y el temple, no fue, por suerte este mi caso, me reí bastante, y no del interlocutor, de otra cosa, pero, en fin. Hoy comenzaré el panfleto o manifiesto y les ilustraré con algunos fragmentos.
De entrada, hay que decir que la idea de progreso no es una idea, sino un mito. Que pensar en el progreso es uno de los mayores engaños de Matrix, del interior de la caverna, que el progreso se ha convertido en el argumento mejor para disuadir contra la revolución, para pensar contra el poder. Que el progreso es ceguera ante la barbarie humana. El progreso es el espejismo de unos pocos, mientras la civilización se va al garete. Que el progreso es una creencia de pastores judíos que se ha universalizado a través de la filosofía griega y de la imprevisible victoria de Europa sobre el mundo en el siglo XV y XVI. Había otros imperios, perfectamente consolidados, Europa, no era tal, pero surge como el ave Fenix y Conquista y destruye el orden establecido introduciendo un nuevo orden mundial globalizado del que aún somos herederos. En ese orden mundial va integrada la creencia-mito del progreso que une progreso científicotécnico con progreso humano y social, una barbarie. Los grandes divulgadores de esta idea fueron los ilustrados y aún está en nuestro inconsciente colectivo. Defendieron que la razón (científica) liberaría al hombre de la superstición y el sufrimiento, en parte sí, pero, rápidamente fue sustituida por la misma superstición (la religión del cientificismo y la tecnología) y el sufrimiento por las ideas racionales de emancipación de la humanidad. La razón se había hecho instrumental, era la secularización de la idea de progreso del cristianismo (la historia como la salvación de la humanidad) ahora en versión política y atea. Dios era ahora, la máquina, el capital, el pueblo,…cualquier cosa. Porque en definitiva no nos habíamos visto libre de la idea de Dios y de sus implicaciones. No nos habíamos atrevido a ser ateos; es decir, a abordar el mundo sin sentido, con el único sentido de la tierra, el espíritu dionisíaco, frente al espíritu apolíneo (el de la razón) que volvía a vencer. Dios había muerto, pero aparecieron sus sucedáneos que han sido aún peor, más implacables, asépticos y sin ninguna ética, salvo de del poder de la fuerza. Hoy en día, en el inicio del final de la civilización, aún se sigue creyendo en el progreso seducidos por las nuevas tecnologías, como el nuevo móvil, la nueva aplicación,…mientras, el mundo se va al garete y más de dos tercios de la humanidad sobramos y, con el tiempo seremos exterminados porque no hay para todos. Eso sí, nos venden la idea de la colonización de otros mundos, yo, como Riechamann me sumo a su libro “Gente que no quiere ir a Marte”, no se trata de los recursos que tenemos, que sean escasos, se trata de la justicia. Pero, para que haya justicia, es necesario que haya un cambio de consciencia. Es necesario que salgamos de Matrix, de la vieja caverna platónica y que nos enfrentemos el “desierto del mundo de lo real”.

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