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El maestro interior y la liberación

“Quiero que vean que son ustedes y no yo, ni…fulano de tal, ni el buda como se llame, ni el santo… los responsables, sino ustedes mismos. Nadie más les obliga a vivir, a morir a girar en la rueda y abrazar y besar sus radios de agonía, su llanta de lágrimas, su cubo de nada. Un antiguo maestro zen le preguntó a su maestro: ¿Cuál es el camino para la liberación? ¿Quién te esclaviza?, le dijo el maestro. Nadie. En ese caso… ¿por qué necesitas pedir la liberación?” Allan Wats. “Mito y Religión.”

Es necesario y fundamental aprender o desaprender dos cosas. La primera es que nadie nos sacará las castañas del fuego, que la vida es sufrimiento y que eso es intrínseco a la naturaleza humana. Ahora bien, también es cierto que nos empeñamos, por ignorancia, como diría Sócrates, en seguir sufriendo y aumentar ese dolor por medio de nuestras ideas y acciones inadecuadas. Por no saber pensar y por no pensar por nosotros mismos. Es decir, por no atrevernos, por cobardía y comodidad a ser libres. No necesitamos a nadie, no existe ningún método, todo está dentro de nosotros puesto que somos expresión del Todo. Cosa que también señalaría Spinoza. Es decir, que en nosotros está la facultad de la eliminación del dolor y sustituirlo por la alegría y la capacidad de mirar desde la eternidad, desde la naturaleza divina que habita en nosotros, puesto que nosotros somos universo. Es nuestra escisión la que no nos permite vernos como tal.

En segundo lugar hay que señalar que nada nos ata, que la liberación es como un juego de niños, una promesa para distraernos. Si nuestra naturaleza es la naturaleza del universo, no hay nada más que prestarle atención y sentir desde esa naturaleza, no desde lo mental, el mundo de las apariencias y del engaño. Y ahí está la liberación. Nadie nos ata y nos mantiene esclavos, eso sí, salvo nosotros. Somos nosotros nuestros propios carceleros. Por eso es de la ignorancia de la que debemos liberarnos, porque es la ignorancia la que nos hace esclavos. Entre otras cosas la ignorancia de que las cosas no son lo que parecen, que lo que parecen es un montaje nuestro para justificar nuestros actos y nuestras emociones. Que no nos atrevemos a pensar de forma directa porque nos da miedo lo que se esconde detrás del engaño, o el autoengaño. Por eso, la liberación es tremendamente fácil porque la tenemos delante. Es darnos cuenta de que nuestros pensamientos y emociones son apariencias y de que nuestro yo no es más que una construcción (un haz de impresiones, que diría Hume) Por eso la liberación no requiere de maestros, ni de métodos, sólo hay que dejarse Ser. El mundo permanecerá igual, pero absolutamente distinto porque ya no habrá un yo que lo mire y lo justifique y lo interprete a su modo. No se trata de pensar, ese es el primer paso para desaprender y conocerse a sí mismo, sino de intuir, de trascender el pensar y el lenguaje. Porque estos son los límites de mi mundo y, de lo que se trata es de llegar a la realidad en sí, la verdad, lo que Es.

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