Nueva entrega de Juan Pedro Viñuela en 'Sabiduría eterna'

“No venimos a este mundo, surgimos de él. Cada uno de nosotros es un síntoma del estado del Universo”. Alan Watts. 

El simple hecho de tener el pensamiento de que venimos al mundo es un pensamiento escindido, dual y, por ello, un pensamiento de enfrentamiento, de contraposición, de lucha de opuestos y no de integración y armonía de los opuestos. Es este pensamiento el que hemos desarrollado desde el neolítico al aparecer el ego, que se contrapone a los demás y al mundo. Este ego es un luchador, un conquistador, que lo quiere todo para sí, es la única forma que tiene de supervivencia. Por eso su mecanismo de funcionamiento es el deseo y su fin último es inalcanzable puesto que no es posible la infinitud en el ego porque el ego es una construcción, un concepto, una idea, algo finito. Su ansia es la infinitud por medio del poder material, pero eso le lleva a su propia autodestrucción, a la aniquilación de la tierra y de los demás. Es el origen de la guerra y la destrucción masiva.

Nos encontramos en la época del ego, que también es la de la ciencia. Porque el ego domina también por medio de la ciencia. Esto, por su parte, es un gran logro, pero con su reverso tenebroso también. Lo mismo que dominamos las fuerzas de la naturaleza, lo inconsciente, pues creamos las posibilidades de autodestruirnos y de alienarnos, de encontrar nuestro único sentido en el desarrollo técnico. Por eso la conquista de la ciencia nos lleva a un reduccionismo del hombre a lo meramente científico, formal, cuantificable y, con la revolución industrial y el capitalismo, a la mera mercancía.

Las ideas condicionan nuestro sentir y nuestro hacer. Y las ideas son fruto del desarrollo de la humanidad. La conquista del ego nos saca de la época mítica y mágica en la que estamos sometidos a las fuerzas naturales. El ego se reafirma y, por ello, es indispensable la conquista del yo que nos traerá la autonomía y la libertad, estas son su cara amable, su gran logro. Pero aún no estamos en esta etapa evolutiva, sino entre el mito y el ego, de ahí las guerras, son guerras de pertenencia y de posesión. Los productos típicos del mito y el ego. Es el producto de miles de años de evolución. Pero el ego no se trasciende así como así. Ni si quiera se trata de eliminarlo como piensa la psicología positiva. Esto nos llevaría a una involución, a caer en la época de la madre indiferenciada, del inconsciente. No se trata de buscar eso. Este tipo de espiritualidad, que se da con más frecuencia de lo debido en la new age, es un fracaso, una huida hacia atrás. Una identificación con la parte inconsciente. Implica no atreverse a ser libres, a autoafirmarse que es lo que nos trae la época egoica. Por eso es necesaria la libertad y la autonomía. Pero como ya dijeran La Boetie y Kant, nos encontramos en una época de ilustración, no ilustrada, es decir, que seguimos siendo siervos por cobardía y pereza.

De modo que lo primero es ser capaz de conquistar la libertad y, en segundo lugar, trascender el ego con el nosotros, con la Consciencia universal. Es una integración. El Ser sale de sí, para volver a sí mismo. Este es el viaje del Espíritu o de la Consciencia. La evolución cósmica. Tomar consciencia del nosotros es el reconocimiento, no intelectual, sino comprensión, de que somos Uno. De que el otro es, realmente, otro yo. Es pensar desde el otro como si fuese yo. Y, por eso, esta nueva etapa es la de la compasión. Claro, ello implica la idea de que no venimos del mundo, sino que surgimos de él, que somos una expresión de todo lo que hay, no algo distinto, El Ser se expresa de infinitos modos, que diría Spinoza, pues una manera de expresarse es nuestro yo, nosotros, nuestro ser biológico, biográfico…y me reconozco en el Todo a través de mi ser particular. Ya no se da la escisión, ya no hay ruptura, sino comunión. Es la Unidad de la diferencia. Es el hijo pródigo que vuelve a casa, pero ya no es el mismo. Era un viaje necesario del que no nos podemos saltar ninguna etapa. Es un aprendizaje, una expresión. Por eso somos síntomas del universo. Y, si estamos en armonía, en estado de amor incondicional y de agradecimiento, nos sentiremos Uno y no una parte en lucha con todo lo demás.