Ribera del Fresno da el último adiós a Narciso Carvajal, dueño del bar España

 
La pasada noche del sábado 21 de abril decía adiós, tras más de 40 años al frente del ‘Bar España’, Narciso Carvajal Jiménez, a la edad de 92 años. El funeral tendrá lugar mañana lunes a las 17:30 horas en la Parroquia Ntra. Sra. de Gracia. Narciso había nacido el 15 de septiembre de 1925 en Ribera del Fresno, en plenas fiestas del patrón ribereño, el Cristo de las Misericordias.
 

Hijo de Narciso Carvajal y Piedad Jiménez, era el pequeño de tres hermanos, Carmen, Juan y Narciso. A la edad de 6 años quedó huérfano de padre, lo que le obligaría, junto a su hermano Juan, a hacerse cargo de las tierras de su padre y del sustento de su madre y hermana. Siempre trabajó muy duro en el campo, trabajo que compaginó con su gran afición: la cocina.

Por el año 1955, ya casado con Ascensión Vázquez Alba, empezó ayudando a su suegro, Francisco Vázquez (más conocido como Papa Kiko), en el Casino. Más tarde se haría cargo del negocio, regentando el Bar la Cueva, entonces situado en la actual tienda de la familia Castillo Mancera, negocio que le permitió comprar su actual casa, donde estuvo el resto de su vida laboral hasta su jubilación. Aunque jubilado, Narciso jamás dejó de ir al campo y a su corralón, para cuidar de sus animales, hasta hace 7 años.
 
Su bar fue el lugar donde paraba el autobús, y por lo tanto sitio de encuentros y de reuniones para muchos ribereños. Se dedicó a la hostelería durante más de 40 años. Contrajo matrimonio con Ascensión en el año 51 y celebraron las bodas de oro en 2001, junto con todos sus hijos y nietos, igual de unidos que el primer día, “de la cual no se separó ni un solo día desde que ella se postró casi cuatro años en una cama debido a su enfermedad. Literalmente pasaba día y noche junto a ella. Lo recuerdo siempre agarrado a su mano inmóvil y arropándola y haciendo carantoñas continuamente aunque ella ya no era consciente”, comenta su nieto Fran. Tuvo, con la mujer de su vida, ocho hijos, 16 nietos y la suerte de conocer, abrazar, besar e incluso cuidar de sus 13 bisnietos. “Y si te empezará a contar anécdotas no acabaría nunca, fue un hombre moderno para su época, siempre apoyó y ayudó a sus hijos, fuesen cual fuesen sus proyectos, tolerante con todo y con todos, jamás le importó la manera de ser de cada uno de nosotros, jamás tuvo un mal gesto ni un solo enfado con sus hijos o sus nietos. Hombre justo, honrado, noble, paciente, cariñoso, trabajador, incansable, fiel defensor de los suyos, buen padre, abuelo, bisabuelo, tío y amigo, generoso como jamás he conocido a nadie, con los suyos y con los de fuera, siempre se brindó para preparar calderetas a quintos o gente que despedía su soltería, incluso la típica caldereta del día del Pilar a la Guardia Civil, de cuya institución recibió un homenaje y una placa. Yo puedo presumir y presumo de haber salido muchas mediodías con él y mis primos a tomar cervezas, cantar y bailar junto a él como si de otro primo más se tratase. A parte de recordar siempre en mi casa a 20 o 30 personas comiendo o quedándose a dormir allí, mis tíos, mis primos, mis amigos, siempre cedía su sitio a los demás, y jamás nos faltó nada en su casa, apunta Fran. “Me desvivo hablando de él, pero aún así todo me parece poco. Eso sí, solo decir que tuvo una vida plenísima, llena de felicidad, de sueños cumplidos, de ver a hijos y nietos haciendo la comunión, casándose y celebrando cumpleaños y bautizos junto a él. Fue muy bueno, jamás dio inconveniencias, ni siquiera cuando últimamente ha estado algo más pachucho, de hecho ha sido bueno hasta para irse de nuestro lado. Ha sido feliz hasta el último momento de su vida, como también muy importante en las nuestras”, finaliza Francisco Manuel Muñoz Carvajal.