La historia de la lata de aceite que viajó desde Ribera del Fresno hasta Cabo Cañaveral

Transportada por Francisco José, un maquinista de Renfe mitad ribereño, mitad villafranqués

Este 2019 celebramos los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, un aniversario que culminó un sueño el 20 de julio de 1969, fecha en la que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pusieron sus pies sobre la Luna.
 

Un hito histórico que aconteció tres lustros antes de que Francisco José Hernández Suárez llegase a pisar suelo madrileño, puesto que vio la luz un 8 de octubre de 1984. Cuatro años antes de que Valencia inaugurase sus dos primeras líneas de metro, pero el mismo mes de octubre en el que acababan de regresar a la Unión Soviética tres cosmonautas tras permanecer 237 días en órbita, batiendo el anterior récord.

Y es que Francisco trajo con él una inesperada tormenta que aún Isidro y Mica le recuerdan a este joven que pronto cumplirá los 35 años. Así lo apunta nuestro protagonista cuando nos citamos para hablar unos minutos con él. “La hora que era, las 18:00. Ese día me han comentado alguna vez mis padres que no llovía, lo siguiente”.

Algo así, al azar, es lo que debió ocurrir cuando a raíz de un viaje que Francisco José hizo el pasado mes de junio a los Estados Unidos, al estado de Florida, y más concretamente a la ciudad de Orlando. “El padre de mi novia vive allí y decidimos ir a verle. Si te soy sincero no ubicaba bien dónde estaba Cabo Cañaveral, pero al ir para allá, en las pantallas que están instaladas en el avión que van mostrando por dónde vas, vi Cabo Cañaveral y dije: “pues este sitio sí o sí tendremos que visitarlo porque está cerca de Orlando y así fue”, comenta este mitad villafranqués, mitad ribereño. Más tarde todo su perfil de Facebook, arropado por su patria chica, se inundó de ‘me gustas’ con los que felicitaban a este paisano por toda una hazaña a la que nadie daba crédito: llevar una lata de aceite de 3 litros ‘TINAJONA’ como embajadora ribereña al mismo Centro Espacial Kennedy, la Estación Espacial de la NASA, Cabo Cañaveral, Florida, EE.UU.
 
Y es que a Francisco José le viene a la memoria cómo desde muy pequeñito le ha gustado mucho ‘el cacharreo’, es decir, ver cualquier objeto y decir ¿qué tendrá dentro? ¿Cómo funciona? “Siempre los abría, los investigaba y de ahí empecé a orientar mi vida hacia los números, la física y sobre todo la electrónica. Comencé la carrera de Ingeniería en informática de Sistemas, pero no era lo que yo tenía en mente, así que la dejé a un lado y me centré en la electrónica, mi verdadera pasión. A la par que estudiaba también trabajaba, al principio limpiando salas de cine, cortando entradas, etc…, hasta poder llegar a ser operador de cabina cinematográfica, me sentí muy afortunado ya que viví in situ la transición del cine analógico al cine digital. Al acabar mis estudios seguí trabajando en el cine y se me presentó la oportunidad de trabajar en el sector ferroviario, en una empresa que se dedicaba a arreglar tarjetas electrónicas de trenes. De tanto trabajar con vehículos ferroviarios (automotores, locomotoras...) me empezó a entrar el gusanillo de la conducción y siempre me ha rondado una pregunta: ¿Por qué no? Así que investigando un poco los pasos a seguir decidí junto con el apoyo incondicional de mis padres, mi hermana y mi hermano sacarme el título de conducción de vehículos ferroviarios Categoría B. Salió la oposición para poder entrar a trabajar en Renfe, conseguí entrar y llevo tres años conduciendo trenes, primero de mercancías en Irún y ahora llevando viajeros en Madrid”, comenta el mediano de los tres hermanos, Nieves, Francisco y David.
 
Por tanto, estando ahora en Madrid durante estos días en que se ha culminado toda una efeméride tan importante para la humanidad, en la que no se ha parado en programas, informativos y reportajes que se han retransmitido sobre este 20 de julio de 1969, relata: “Me he sentido muy afortunado saber que, desde allí, salió la misión de Apolo XI, y poder ver en directo todo el cohete que utilizaron para poder llevar a cabo dicha misión. Al verlo te recorre por todo tu cuerpo una sensación de decir: puf no tengo palabras”.
 
Y prosigue: “Por los que nos contaron allí, se está trabajando en poder llegar a Marte. Algún día lo conseguirán, pero creo que mi generación eso no lo vamos a ver, ojalá estuviera equivocado”.

En este punto no dudamos en preguntar por lo que fue la anécdota de la jornada, de cómo llega el aceite de la ‘Tinajona’ desde Ribera del Fresno a Cabo Cañaveral, y así nos detalló con todo lujo de detalles sobre esta experiencia tan enriquecedora: “Todo empieza con uno de los muchos viajes que hacen mis padres al pueblo. En uno de esos pues aprovechan para traerse productos extremeños, así que la primera escala fue en Madrid. Como comenté antes, el padre de mi novia vive allí y teníamos ciertas dudas de cómo sería allí la alimentación, con tantos sitios de comida rápida y procesada, así que acordamos llevar productos de aquí. Nos hubiera gustado llevar embutidos, pero debido a las restricciones alimenticias nos fue imposible, así que decidimos llevarnos otros productos y uno de ellos fue la lata de aceite. Tenía miedo de que al verla en los escáneres de equipajes nos abrieran la maleta y nos la quitaran, pero no, pasó sin problemas, así que llegó a Miami y de Miami a Orlando, así que tiene la lata unos cuantos de miles de kilómetros”.
 
A lo que continúa: “¿Cómo llega a Cabo Cañaveral? Pues se lo debo al padre de Érica. Yo comenté de llevarla a algún sitio significativo de Orlando, pero entre las prisas y demás siempre se me olvidaba, qué cabeza la mía, hasta que el día que fuimos a Cabo Cañaveral, que estando dentro del coche se acordó, entró en casa y salió con la lata en la mano y dijo vamos a hacer esa foto allí, y así fue”.
 
Algo que no quedó ahí. Hernández, apoyado de las redes sociales se encargó de subirla a Facebook con el siguiente mensaje: "¿Hasta dónde puede llegar el aceite de Ribera del Fresno? Pues nada más y nada menos que hasta el centro de lanzamiento de la NASA, en el estado de Florida, Cabo Cañaveral. ¡Espero que os guste y nos sintamos orgullosos de nuestra tierra!!"
 
“Quise hacer visible cómo un pueblo de Extremadura podía llegar muy, muy lejos, que tiene unos productos de una calidad excelente...porque quién sabe, las redes sociales hacen mucho y si das con la persona adecuada en el momento adecuado se pueden hacer cosas maravillosas”.  
 
Y por supuesto orgullosos debieron sentirse desde la Cooperativa de Olivareros y Viticultores de Ribera del Fresno y eternamente agradecidos de esta hazaña.
“Supongo que sí, que al ver la foto dirían, pero carajo…-entre risas-, Gustavo se puso en contacto conmigo poco después de aquello”.
 
De este modo Francisco no deja de marcarse nuevos retos. ¿Será una caja de Batilo, una garrafa de San Juan Macías? Él lo tiene claro, y no es sólo uno, “tengo unos cuantos retos en mente, pero uno de ellos si se me presenta, es algún día, cuando se inaugure el AVE Madrid-Extremadura ser uno de los maquinistas que lo conduzcan, creo que eso sería el broche de oro para mis padres, ver cómo su hijo lo lleva hasta allí.  Aunque también agua de San Juan Macías, para bendecir el tren y desearle muchos viajes y si aceptaran alguna propuesta pondría en el frontal y a lo largo de todo el tren, vinilos en forma de bellota”.
 
Y hablando de Extremadura, y de su patria chica, Ribera del Fresno, nuestro protagonista no deja atrás otras ideas por cumplir: “Estamos barajando la posibilidad de que Érica y yo nos casemos allí en la ermita de El Cristo, nuestro patrón, pero bueno aún no está definido del todo. Y es que el pueblo de siempre es una cita obligada, es verdad que ahora no voy tanto como me gustaría ir, pero a la mínima que puedo, allá que vamos mi pareja y yo”.