¿Qué subyace al transhumanismo?

Independientemente de que muchas de las cosas que el transhumanismo vaticina se cumplan o no, a mi modo de ver, no es más que una nueva religión, procedente del cientificismo y acrítica con la idea de progreso y de Ilustración. Una nueva religión que, como todas, no hablo de espiritualidad, aunque sí la que se nos vende ahora, promete lo que todas: felicidad e inmortalidad.

La diferencia es que el transhumanismo habla de que esto se podrá conseguir dentro de poco, unas décadas, un siglo a más tardar para llegar a la inmortalidad y extender nuestra inteligencia ampliada por medio de la fusión con los organismos cibernéticos. Pero, en definitiva, y no voy a hacer la crítica epistemológica al asunto, que muchos autores serios ya la han hecho, a mi modo de ver, todo esto, que ya lo estamos viviendo, por eso no dudo que, en parte, el transhumanismo se realice y el hombre deje de ser lo que es para ser otra cosa y, por tanto, los valores humanistas queden desbancados, como ya lo están siendo, por otros valores.

Aquí hay casi una inevitabilidad histórica que se da entre la confluencia de la propia naturaleza humana y la autonomía, en parte, de la tecnología aliada al capitalismo que da lugar al imperativo tecnológico: todo lo que se inventa y se puede aplicar, se aplica, tarde o temprano. Y las cosas van por ahí. La tecnología no es un atributo del hombre, sino que el hombre es, esencialmente, un animal tecnológico, como ya nos dijera Ortega, y eso implica que la tecnología nos transforma, nos crea, nos construye. No se trata de tener un móvil, sino de que el móvil te tiene a ti, y no hay que escandalizarse por esto, es que es así. Un móvil va a cambiar la forma de relacionarte con los demás y contigo mismo, sin entrar en juicios de valor, simplemente es un hecho. Y lo mismo que digo del móvil lo digo del clásico ejemplo del invento del estribo, o del arado y así sucesivamente. Como ya decía Lain Entralgo: el hombre es un animal que no tiene medio, sino mundo. Es decir, creamos el mundo en el que vivimos. Pero esa creación de ese mundo es una autocreación. Por ello, todo lo que la tecnociencia pueda ir desarrollando en los campos de la biotecnogenética, IA, Cyborgs, telecomunicaciones y todos los ámbitos de la vida, pues se llevarán a cabo.

Hasta el momento lo que hemos visto es que la consciencia del hombre es más plana, más superficial, más domesticable. Pero hay cierto progreso científico-técnico que nos hace la vida más fácil, más llevadera y, con las promesas del transhumanismo, probablemente, no tengamos ni esos achaques…y, claro, todo el mundo firmaría por ello. Igual que ya nadie puede prescindir del móvil, no porque no puede por falta de voluntad, sino porque su ser social está construido con ese tipo de tecnologías que se le hacen indispensable para su trabajo y relaciones sociales. Pero, en fin, esto es lo que hay y no se trata de juzgar, todos preferimos vivir en el siglo XXI, mejor que en la edad media, con el paleolítico no quiero comparar, tengo mis reservas porque, a mi modo de ver, una de las grandes mentiras de la humanidad fue el decirnos que el paso del paleolítico al neolítico (domesticación de plantas y animales) fue el mayor progreso de la historia. Y no soy partidario de la teoría rousseauniana del buen salvaje.

Pero mi atención se quiere fijar en lo esencial del hombre, en lo que llamamos nuestra naturaleza y nuestra consciencia. El hombre, el común de los hombres, el llamado hombre normal, por tanto, no enfermo, no una desviación de la personalidad, vamos, alguien que pasa por el aro, quiere la felicidad (que curiosamente identifica con bienestar y posesión, lo de la virtud, el ser, la gracia, la beatitud…eso ni lo ha escuchado) y la inmortalidad. Es decir, que nos encontramos, en lo que diría Ken Wilber, en un estado mítico egoico de consciencia.

Es el yo el que predomina en nuestra consciencia, ni la racionalidad, ni la fraternidad, ni la libertad y, mucho menos, los estados sutiles de consciencia, tienen vigencia aquí. Por tanto, hay una confluencia entre nuestra naturaleza actual y la sociedad en la que estamos inmerso voluntaria e involuntariamente. Pero si cada vez se nos va dando más “soma”, más felicidad, menos autoconsciencia tendremos y querremos expandirnos hasta el infinito, espacial y temporalmente. Es el ansia de nuestro yo que es insaciable. Y todo el transhumanismo se basa en eso, en que somos un yo deseante y, lo que hace el transhumanismo, lo que se viene haciendo hace muchas décadas ya, es alimentar ese yo deseante, con lo cual disminuye el yo autoconsciente. Y esto lo digo sin hacer juicios de valor. Si el curso de la historia da lugar a esta transformación y a la extinción del homo sapiens por otro tipo de homo, pues nada. Es que nunca pasa nada. O, “nada importa nada” que decía la sabiduría griega.

El hombre siempre ha perseguido la inmortalidad y la felicidad, pero, curiosamente, por ello ha cometido las mayores barbaries posibles, que son las que son y punto…qué pasará ahora, pues nada,…lo que tenga que pasar. O bien triunfa el yo, y nada cambia (escisión, violencia, separación, guerra…), o bien accedemos al ámbito transpersonal (previa conquista de la racionalidad y la libertad-fraternidad) y dejamos de ser un yo deseante y apegado, por tanto, sufriente, (aunque esto quizás también lo pueda resolver la ciencia) para pasar a ser un nosotros, una Consciencia universal, incluso cósmica. Es curiosa esta coincidencia, de alguna manera, pero muy distinta, con el transhumanismo. Por mi parte, ya hora sí me posiciono, opto por la sabiduría perenne, por la disolución del ego, la conquista de la racionalidad, la libertad, el nosotros y, por último, que sepamos, los estados no duales o sutiles de Consciencia.
Y termino con una cita del teólogo Tillich:

“La razón técnica tiende a causar patología, porque despoja a la persona de su subjetividad…Tillich… escribe:

“Esta actitud acarrea un rápido declive de la vida espiritual…En psicología y sociología, en medicina y filosofía, se ha descompuesto al hombre en los elementos que lo componen y lo determinan…el hombre se ha convertido en lo que el conocimiento controlador considera que es, una cosa entre las cosas, un engranaje en la máquina tiránica de la producción y el consumo, un objeto deshumanizado de tiranía o un objeto normalizado de las comunicaciones públicas. La deshumanización cognoscitiva ha generado la deshumanización real. “Sacado de: John P. Dourley. “La psique como sacramento. Un estudio comparativo entre la psicología de C. G. Jung y la teología de Paul Tillich.” P. 69

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