La fontanesa Asun Rojas ha trabajado como cooperante en El Salvador con la ONG Vides

 

“Siempre he sido una buscadora, y hacía tiempo que me rondaba la idea. Trabajar en un lugar donde se vive con tan poco es liberador, te quitas muchos lastres mentales”

El nombre de Asunción Rojas Gordillo está indisolublemente unido a la Fundación José Gordillo. Una entidad creada por los herederos del  artista universal fontanés (1888–1972)  que, junto con la estrecha colaboración del ayuntamiento, hizo posible la inauguración de un museo pictórico en su localidad natal , cumpliéndose así con el deseo expresado por el propio autor en vida.

Durante el acto oficial de apertura, Asun Rojas trazó en su discurso una semblanza de su abuelo, al que definió como “un espíritu inquieto y libre, que buscaba siempre más allá de lo visible” , y que “amaba la belleza por encima de todo”.

Ese espíritu inquieto y en continua búsqueda es lo que ha llevado a la nieta de José Gordillo a comenzar una nueva etapa como cooperante en Centroamérica. Una experiencia que ha querido contar en Radio La Fuente, “consciente de que otras personas puedan sumarse a este camino que yo he realizado y descubrir su belleza”.

A Asun le rondaba la idea hacía tiempo, hasta que en un viaje por Roma conoce casualmente a una monja salesiana que le pone en contacto con la oenegé Vides ( Voluntariado Internacional para el Desarrollo la Educación y la Solidaridad). “Tiene sede en Valencia y trabajan en muchos proyectos en muchas partes del mundo, África, La India, América latina … Me reuní en Madrid con su responsable a nivel nacional, que me comentó que normalmente hay que pasar por una fase de formación previa antes de embarcarse en un proyecto. No sé, quizás me vio tan convencida que, sin esperarlo, me llamaron en verano para que en Octubre me fuera a El Salvador”.

Y desde octubre hasta diciembre, Asun Rojas vivió en un colegio que las hermanas salesianas de Vides tienen en la capital,  San Salvador, en un barrio muy deprimido económicamente como es el barrio de San Miguelito.

“Fue mi zona de hospedaje y confort: Pero desde allí hacía salidas con las hermanas a los cantones o barrios muy pobres del país, y muy controlado por las maras, las mafias que interceptan las ayudas humanitarias e imponen la ley de la violencia en las calles.  Yo estuve en esos repartos de comida, o supervisando la construcción de viviendas muy básicas y de letrinas, También trabajé en colegios con aulas de hormigón, con escaso material escolar, pero con unos niños y niñas con un afán increíble por aprender. Muchos se levantaban a las 6 de la mañana y caminaban muchos kilómetros para venir a la escuela. Saben que hay una vida mejor que la que tienen, y son muy conscientes de que aprender puede ser una vía para acceder a ella”.

“Lo más duro… , la consciencia de ver a en qué condiciones tan terribles viven otros seres humanos, sólo por el hecho de haber nacido en otra parte del mundo… Es muy injusto. “

“Lo positivo de la experiencia: Que allí te quitas la mochila, todos esos lastres mentales que nos pesan … Darte cuenta de lo poco que necesitas para vivir es liberador. Vives el momento y punto. Siento que he recibido más de lo que he dado, si duda”.

Tanto es así que Asun ya se está preparando para trabajar en un nuevo proyecto de Vides : “Sigo conectada a aquello, y a esa comunidad de 20 religiosas, algunas muy mayores, que trabajan muchísimo y que necesitan de nuestra ayuda. Un trabajo hecho desde el amor y una grandísima vocación de servicio a quienes más lo necesitan”.

Y sentencia que “no otra cosa es el ser humano que memoria, lenguaje, y sobre todo amor”.

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