Opinión. 'Queridos Reyes Magos...'

La publicidad crea necesidades y yo es que odio las necesidades. Porque necesitar algo implica que no eres feliz si no lo tienes. Incluso la RAE, que más por desgracia que por suerte es el referente lingüístico de este nuestro idioma, dice que una necesidad es una ‘carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida’. Una necesidad es un corazón o un pulmón. Una necesidad es comer, tener un techo donde dormir, una educación, una sanidad, porque las necesito para vivir y porque vivir no es solo que funcionen mis órganos. Una necesidad no es una colonia de 100 pavos, no es un coche súper brillante y equipado, no es una caja de Special k, no es beber Coca-Cola.

 


Si ya de por sí odio la publicidad por crear necesidades materiales imaginen la publicidad que fomenta los estereotipos insanos de una sociedad altamente podrida y machista como es la nuestra.

Esto viene a lo siguiente: todos los años me da por curiosear las revistas de juguetes que andan por la casa en estas fechas, supongo que me parecía gracioso, pero ha dejado de parecérmelo. Serán las gafas violetas que me he puesto (y no me pienso quitar) que me hacen ver las cosas de otra manera. O será que soy una paranoica obsesionada, pero indignación es lo que yo he sentido al abrir esa revista y darme cuenta que casi nos inyectan en la sangre al nacer lo que vamos a tener que ser de mayores.

Voy pasando página, mirando, pensando… en las  páginas rosas, con fotos de niñas guapas y felices, presentan juguetes que son cocinitas con todos sus utensilios (hasta delantales), una máquina de coser y, ¡hasta una fregona! Me imagino a niñas inocentes del mundo: “Mamá, mamá quiero una fregona para Reyes, para parecerme a ti…” Respeto, y hasta puedo admirar, a las personas que se diviertan fregando, pero yo no logro entender cómo podemos venderles a las niñas que esto es divertido.

Pienso en parar y dejar de torturarme, pero no, lo mejor está por llegar. Más páginas rosas y… muñecos, muchos muñecos. Muñecos que son bebés, cochecitos, pañales, ropitas, cunas. Claro, porque ¿qué somos las mujeres sino madres? Que se lo pregunten a nuestro querido ministro de Justicia…  Me imagino a un niño cambiándole el pañal a un muñeco igual que un padre a su hijo. Digo imagino porque no he visto nunca fuera de la ficción a un hombre cambiando un pañal. ¿Qué hay excepciones? Sí, seguro, pero que no las he visto, también. Aclaro que soy una mujer ‘normal’ que no vive en Marte. Aclaro que cambiar un pañal en toda tu vida no cuenta como excepción. Aclaro que los mismos hombres de los que hablo son los que deciden sobre MI útero. Reaclaro (y me invento palabras) que estos hombres no son todos.

Sigo pasando páginas rosas… ¡Maquillaje! Cabezas de muñecas para peinar y… oh, zapatitos de plástico, pequeñitos y supermonos de tacón… Claro, porque otra cosa no, pero nosotras tenemos que estar siempre guapas, muy guapas.

Aclaro que adoro a las limpiadoras, a las madres, a las peluqueras y a todas las mujeres que libremente deciden qué hacer con su vida.

Después de las bicicletas –rosas, como no- vienen los juguetes de Violetta y las Monster High, de las que prefiero no opinar, al igual que no entro a opinar en los precios de estos maravillosos juguetes doctrinarios, que es otro tema. Y ¡el remate! vienen las barbies y las princesas de Disney, pero para mi sorpresa al lado de la barbie está el Ken y al lado de la princesa el príncipe. 

¡Es lo que me faltaba! Cierro sin terminar de ver todas las páginas de la revista, que son nada más y nada menos que 138 páginas de preciosa y colorida publicidad gratuita que acaban con una ya preparada hoja para que escribas tu carta a los Reyes Magos.

Yo, con 20 años y después de haber sido niña,  podría escribir perfectamente:
Queridos Reyes Magos, este año me he portado bien, he sido sumisa y siempre voy perfecta, en tacones y pintada, por eso pido un príncipe que me pueda ofrecer un castillo con una gran cocina en la que cocinar y me dé muchos hijos a los que cuidar.

Lo necesito, porque la publicidad crea necesidades.

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