La Asociación de Personas con Problemas de Peso de Almendralejo empezó hace 25 años para atender las necesidades de las personas obesas. En estos años, más de 3000 personas han pasado por la asociación

Opinión. 'España se rebela contra el bipartidismo'

Si se leyeran los resultados electorales del pasado 25 de mayo en clave europea, se podría decir que nada cambia, que todo seguirá como antes. El Partido Popular Europeo ha obtenido 213 diputados. El grupo de los socialdemócratas (S&D), en el que se integra el PSOE, 190. Todo apunta a una gran coalición entre ambas formaciones, para evitar que puedan darse alianzas ganadoras entre el resto de componentes de la Cámara, y perpetuar así el bipartidismo que reina en Europa. Si se puede destacar algo es el alto nivel de abstención (en muchos países superó el 50%), así como el avance de los partidos de extrema derecha, como el de Marine Le Pen en Francia. Aunque la principal amenaza la representan, de momento, para sus propios países.

 


Sin embargo, la lectura es totalmente distinta si se hace en clave estatal. En España, destaca el batacazo de los grandes partidos, que han pagado sus nefastas gestiones y sus campañas llenas de falsedades. El PP ha obtenido 16 escaños, frente a los 24 de 2009. En votos, ha pasado de 6,6 millones a poco más de 4 millones, con una caída de 16 puntos porcentuales. El PSOE, por su parte, ha pasado de los 23 a los 14 escaños en 2014, con una pérdida de más de 2,5 millones de votos, unos 15 puntos menos.

Los principales beneficiados por este declive de los mayoritarios han sido UPyD, que pasa a tener 4 escaños, pero sobre todo las alternativas progresistas (que irán de la mano en el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea), encarnadas en Izquierda Unida y Podemos, y que han conseguido 6 y 5 escaños respectivamente. Concretamente, la primera de estas dos fuerzas (la segunda no se presentó a las de 2009) ha rebasado los 1,5 millones de votos, seis puntos porcentuales por encima del registro obtenido en los anteriores comicios.

Así, y pese a que los grandes medios de comunicación han tratado de poner el foco en la emergencia del partido que lidera Pablo Iglesias (que comparte programa ideológico con IU, al menos en las cuestiones más básicas, es decir, en lo que tiene que ver con la democratización política y económica del país), la conclusión más clara que puede sacarse de este proceso electoral es la pérdida del miedo de los electores a retirar su confianza a los grupos mayoritarios y depositarla en los alternativos, principalmente de izquierda, haciendo temblar el bipartidismo.

Para entenderlo mejor, merece la pena observar cuáles han sido las reacciones de los partidos mayoritarios. Por la parte del PSOE, el gran derrotado, destaca el anuncio de dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta ahora secretario general, que ha convocado un cónclave para la elección de un nuevo líder en el próximo mes de julio. Se puede intuir la elección de una cara nueva, que hable de regeneración, que incorpore en su discurso palabros izquierdosos y que prometa la luna a los electores. Pero el PSOE tiene un gran problema, y es que ninguno de los dos presidentes que han gobernado bajo esas siglas, ni los que lo han hecho a nivel regional o municipal, han hecho honor a las mismas. Ni socialistas ni obreros. Y eso, al fin y al cabo, ha acabado destruyendo la credibilidad del propio partido, que ya es percibido por el electorado como un partido neoliberal.

Por la parte del PP, ha sido el portavoz, Carlos Floriano, quien ha dejado entrever el miedo con el que su agrupación afronta estos resultados. El señor Floriano no ha tardado ni un día en calificar a la organización de Pablo Iglesias como “la extrema izquierda”, y haciendo gala del cinismo que le caracteriza ha dicho que lo que preocupa a su organización es que en España haya “un millón de personas que votan a un partido que tiene como modelo a la Venezuela de Maduro, o la Cuba de Castro”. ¡Como si su partido no hubiera demostrado siempre que su única preocupación es tener poder para poder venderlo a las grandes empresas y repartirse después la propina!

La propuesta de Podemos, como la de Izquierda Unida, consiste básicamente en devolver a los ciudadanos los derechos y las ilusiones que estos dos partidos les han robado. Empezando por las privatizaciones de los sectores estratégicos que inició Felipe González, así como el establecimiento de su red clientelar (enchufismo, para que se entienda); siguiendo con las privatizaciones de Aznar y sus atropellos a los derechos de los españoles; continuando con Zapatero y la firma de aquella reforma de la Constitución, junto con el PP, que nos echó a los tiburones (perdón, quería decir a los bancos); y terminando por Rajoy, que está descuartizando los servicios públicos y los está terminando de vender en cachitos, lo mismo que ha hecho con la dignidad de las y los trabajadores y pequeños empresarios. Todo ello bien mezclado con altas dosis de corrupción.

Por todo ello, es importante que la ciudadanía española haga un ejercicio de madurez, haga oídos sordos a los mensajes que van a llegar de estos partidos, tratando de crear un clima de miedo a lo desconocido, y termine este trabajo tan valiente que ha comenzado, que consiste, básicamente, en quitarse de encima una costra pegajosa e incómoda para que pueda entrar el aire en su seno. Y en caso de que estas nuevas opciones no colmen sus expectativas (partiendo de la base de que no hay gobierno perfecto), siempre podrá buscar otras. Y luego otras. Y después otras. Eso es lo bueno que tiene la democracia, el bien más preciado que heredamos de aquella farsa del 78.
 

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