Opinión. 'No está de moda hablar de antimilitarismo'

En febrero de este año 2014, se cumplieron 25 años desde que comenzó la campaña de Insumisión al Servicio Militar Obligatorio. Fueron tiempos de inhabilitaciones, cárceles, juicios civiles y militares, acciones en la calle, recogida de firmas y grupos de apoyo... tiempos en los que se asumieron las consecuencias de la desobediencia y cobraron más fuerza las reivindicaciones que se hacían. 

 

 

Ante una “obligación” individual, la de realizar el Servicio Militar Obligatorio o la Prestación Social Sustitutoria, se crearon acciones colectivas con el objetivo último de abolir las estructuras militares. Desde 1989, ha habido más de veinte mil insumisos, tanto al Servicio Militar Obligatorio como a la Prestación Sustitutoria. Más de cuatro mil fueron juzgados, y más de un millar, encarcelados.

 

Gracias a la campaña de desobediencia, la insumisión entró en la agenda política, aumentó el desapego social al ejército y se dispararon las solicitudes de objeción de conciencia legal, llegando a saturar y hacer, de hecho, impracticable, la Prestación Sustitutoria. La mili dejó de ser obligatoria en el 2001, sin embargo, no fue celebrado por las insumisas e insumisos como una victoria, ya que la mili sólo era una parte más de la estructura militar. 

 

Para entender el militarismo nos deberíamos centrar en la dominación, lo “militar” sólo es una forma extrema de la dominación y el servicio militar obligatorio, una parte de lo militar.

 

Con respecto a la parte militar del militarismo año tras año, nos seguimos sorprendiendo e indignando con la cantidad de presupuesto militar español y mundial y cómo nos lo esconden en otras partidas (en el Ministerio de Defensa sólo entra el 24,68% de todo el gasto militar y 12 de los 13 ministerios esconden Gastos Militares). Para el 2015 el Gasto Militar Español presupuestado diario es de 64,03 millones de euros, casi 5 veces el gasto ministerial en Sanidad y a 3,5 veces el gasto ministerial en Educación. Por otro lado seguimos denunciando que el negocio de la Guerra es muy importante en España, las 500 empresas que se lo reparten tienen un volumen de negocio superior a los 6.000 millones de euros anuales y que la mayor parte de la banca tiene una fuerte inversión en armamento. Todo esto sin olvidar la agresión medioambiental  de la actividad militar, al ser el ejército español un gran emisor de gases de efecto invernadero y agentes contaminantes.

 

Pero como dice la feminista Cynthia Enloe, la militarización de las personas, hombres y mujeres, tiene dos sentidos: por un lado éstas pueden verse forzadas a comportarse de una forma determinada que permita a los militares tener más poder; por otro lado, las personas pueden introducir los valores militares dentro suyo, otorgando una legitimidad natural a los actos militares. 

 

Éste es uno de los aspectos que más preocupante nos parece: cómo incorporamos valores y pautas de comportamiento militaristas en nuestra vida cotidiana, cómo adoptamos una concepción del mundo constituido por Nosotros/as y Ellos/as; la opción por solucionar los conflictos a través del ejercicio de la violencia; la identificación del conflicto con las personas y no con el hecho objetivo que lo causa; la percepción de peligro en la pluralidad y la tendencia a la uniformización; o la adopción de una organización vertical y jerarquizada basada en el principio de la obediencia debida, el orden y la disciplina, son maneras de ver el mundo tanto militar como patriarcalmente. No hace falta portar armas, ni vivir al lado de una base militar ni en un país dirigido por militares, basta con dejarse impregnar y asumir estos valores.

 

Desde este punto de vista el aprendizaje que podemos recoger de la lucha antimilitarista es imprescindible: nos ha mostrado que es posible poner en práctica y son eficaces la desobediencia civil, luchar de manera eficaz desde la noviolencia, con grandes dosis de imaginación y de organización colectiva. 

 

La lucha antimilitarista es toda aquella lucha contra la discriminación y dominación y contra las estructuras que lo permiten y sustentan. Es antimilitarista reivindicar la calle como espacio de lucha social como hizo el 15M, empezar a organizarse en espacios de educación libre, aprender a funcionar en parejas y familias menos jerárquicas regulando los conflictos de forma noviolenta, crear una banca cooperativa y ética como Fiare o los seguros éticos de ARÇ o Seryes, relacionarnos de otra forma con la tierra, con las/os productoras/es y consumidoras/es a través de experiencias de agroecología y grupos de consumo, luchar por un municipalismo transformador y muchas otras experiencias que en la actualidad podemos encontrar más cerca de lo que nos imaginamos.

 

Por eso, al igual que desde el feminismo lo decimos bien claro: la revolución será feminista o no será, tenemos que volver a reivindicar el antimilitarismo, alto y claro, porque la revolución será antimilitarista o no será, no se puede entender un proceso revolucionario sin tocar la discriminación, la dominación, la violencia y las estructuras que lo sustentan. 

 

Más información:

Presupuesto militar 2015: http://es.scribd.com/doc/247956826/GASTO-MILITAR-ESPANOL-2015 

Banca armada: http://www.bancaarmada.org/

Antimilitarismo y feminismo: http://www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/Antimilitarismo-feminismo.pdf

 

 

Este artículo forma parte del proyecto Mudalmundo VI “Cooperando en Comunidad”, desarrollado por el Colectivo CALA y financiado en parte con dinero público a través de la AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo)

 

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