Opinión. 'La respuesta del miedo'

Años después de lanzarse aquella campaña gallega, sigo recordando su eslogan: "Galicia Calidade". Siempre pensé que Galicia y Extremadura guardaban mucha similitudes, y aquel eslogan me hizo pensar que Extremadura era una tierra donde la calidad debía ser un estándar, algo que nos hiciera distintos y nos colocará en una posición aventajada. En la actualidad hacemos gala de esa calidad en multitud de ámbitos. La calidad del aire extremeño, según Greenpeace, es la mayor de España. Algo insólito, tenemos banderas azules en playas de interior. La provincia de Cáceres es la que alberga la mayor superficie forestal de España. Y así suma y sigue.

 

Reconocidos culinariamente por nuestros productos y tantas otras cosas por lo que se nos conoce allende nuestras fronteras. En definitiva, sin problema podíamos haber plagiado aquel magnifico eslogan gallego, sino fuera porque sí tenemos un importante déficit de calidad, un menoscabo que marca y lastra todos los sectores de la vida social y económica de nuestra Comunidad. Quizá no haya un ranking que avale con parámetros medibles la siguiente afirmación, pero sí hay sintomatología clara, abundante y repetitiva que pone de manifiesto que algo distinto, demoledor y retrogrado asola la sociedad extremeña. Esa rémora, ese mal, se llama: "Déficit democrático"

Antes de que algunos se conjuren contra tamaña afirmación, permítanme argumentar la misma.

La falta de calidad democrática puede manifestarse en muchas de sus formas y definiciones, pero su máxima expresión es la denominada represión política, que se define como  la acción de contener, detener, castigar y perseguir actuaciones políticas o sociales desde el poder político hacia un individuo o grupo. Todos somos conscientes de cómo en muchos lugares del mundo se ejerce esa represión política privando de la libertad o incluso de la vida a todos aquellos que no comulguen con el régimen político dominante, hemos visto a opositores en Cuba o Venezuela privados de libertad o asesinados por el simple hecho de profesar una ideología distinta a la oficialista, caso Oswaldo Paya o Leopoldo López en sus respectivos países. Pero no creo que seamos conscientes que esa misma represión política se lleva a cabo cerca, muy cerca, en nuestros pueblos de Extremadura y que las víctimas lo son por el mismo motivo que en otros lugares más  reconocidos y que no es otro que pensar de manera distinta a la doctrina oficialista de turno. Es cierto que en Extremadura las medidas represoras son de menor magnitud , aquí a nadie se le priva de  libertad, pero su intensidad es elevada, se siente, se percibe la vigilancia Orwelliana, materializada en un entramado construido durante años, fundamentado en un fuerte clientelismo y vasallaje.

Hace algo más de cuatro años la victoria del partido popular en Extremadura supuso un motivo de satisfacción para muchos extremeños, independientemente de afinidades ideológicas, una reflexión que muchos hicimos era la importancia de una alternancia política para consolidar nuestro sistema democrático y enterrar viejas prácticas, aparejadas a la permanencia en el poder de manera prolongada por una misma fuerza política. Muchos creímos que era el principio de una nueva forma de hacer las cosas, basada en el respeto y fundamentada en el interés de todos y cada uno de nuestros conciudadanos extremeños. Los acontecimientos acaecidos en los últimos días en distintos pueblos de nuestra geografía Extremeña supone una bofetada de realidad a mi credulidad en el cambio de modelo político y de convivencia entre personas de ideologías encontradas. La realidad política en Extremadura ha cambiado, nunca volverá a ser la misma, a mi juicio  las  repercusiones de ese cambio deberían traducirse en la necesidad de más y mejores acuerdos entre todos, vislumbrando un futuro distinto, sin mayorías tan acentuadas. Todo esto lejos de provocar la reflexión y la respuesta sosegada, ha conllevado la respuesta colérica,  llegando de la mano del miedo, miedo a volver a perder nuevamente la hegemonía política, miedo a perder un medio de vida basado en ocupar un cargo público, miedo a quedar fuera de un sistema que para muchos es el único medio de vida que conocen o han conocido, miedo a no detentar el poder y tener que bajar de esos pedestales fabricados para satisfacer egos propios y ajenos.
La respuesta del Psoe Extremeño es la represión política contra aquellos que decidieron libremente encabezar o formar parte de una lista del Partido Popular en un municipio extremeño. Afortunadamente nuestra legislación y la separación de poderes  es lo suficientemente garantista para evitar privar de  libertad a quien piense de manera distinta como ocurre en otros lugares, pero existen resquicios que propician la persecución por manifestar opciones políticas diferentes , de una manera tan cruel , vil o malvada como puede ser privar de libertad.

Los siguientes ciudadanos y compañeros han sido despedidos y privados de su derecho a trabajar. Negándoles a ellos y a sus familias el pan y la sal, generando inseguridad en sus vidas, intentándolos sumir en el desprestigio social y profesional, e impidiendo su realización personal. Muchos eran de facto laborales fijos en ayuntamientos gobernados por el Partido Socialista, su único crimen es pensar de manera diferente y tener el valor de engrosar unas listas por el Partido Popular e intentar cambiar la realidad en distintos puntos de la geografía extremeña. Su castigo, el ostracismo social y laboral, las amenazas , la coacción personal y a su entorno para conseguir su aislamiento. El mensaje que lanza el Partido Socialista de Extremadura es el mensaje del miedo, de la rendición y la pleitesía . La advertencia , el aviso, la coacción... ¡No lo olvides! ¡Recuerda! ¡El que no está  conmigo, está contra mí!
Sólo es... la respuesta del miedo.

  • Pilar Medina, candidata del PP en Llerena. Despedida como gerente de la Asociación de Empresarios.
  • Pilar Galán y Pilar Nogales, trabajadoras del Ayuntamiento de Villanueva del Fresno. Pilar Nogales, con 15 años desarrollando tareas como AEDL, despedida tras presentar su candidatura por el Partido Popular.
  • Oscar Antúnez , trabajador eventual del ayuntamiento de Olivenza, despedido por engrosar las listas del Partido Popular de Olivenza.
  • David Fernández y Silvia Corcho, AEDL durante 7 y 5 años respectivamente. Despedidos tras ganar las elecciones y  proclamarse alcalde por el Partido Popular en Táliga. 

 

Artículo de opinión de Juan Pedro Carrillo Vargas

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