Opinión. 'Leer, pensar, meditar y cambiar el mundo'

Hacía algún tiempo que no veía las noticias y unos cuántos de meses que no leo periódicos, salvo artículos sueltos que cuelgan los amigos en las redes sociales. les aseguro que no me he perdido nada y que he ganado mucho (paz interior, serenidad, tranquilidad, autoconocimiento, interiorización, comprensión de mí mismo y del otro, he encontrado verdades y no me he distraído con interferencias aparentes que, encima, alteraban profundamente mi estado de ánimo…).

 

Mis intereses han girado hacia el interior. En fin, siempre he recomendado a todos y, en especial, a mis alumnos que lean periódicos, sobre todo las páginas de opinión y, lo mejor, que lean, pero no por leer cualquier cuento o novela de entretenimiento. Que lean ensayo, filosofía, ciencia, historia, arte, literatura de verdad, no sucedáneos para analfabetos… y estas cosas que también existen y de las que los anaqueles de mi biblioteca están atestados. Pero, ahora no les recomiendo  esto, salvo que lean, y mucho, en el sentido del que hablé antes. Lo que sí les digo es que por su salud, ni lean los periódicos, ni vean nada la televisión. En lugar de la pantalla: televisión, ordenador o móvil, que lean, que piensen, paseando si es posible, y que mediten.

 


El mundo sigue igual y la prensa y la televisión no son más que un espectáculo para distraer a la ciudadanía de lo importante que es lo que habita en su interior y que será lo que les permita comprender lo que sucede en el exterior. Y que es lo que les permitiría cambiar el mundo. Además, se ahorrarán emociones negativas, emitir juicios, enfadarse con el mundo y todo lo que conlleva ver un telediario. El mundo sigue igual y es igual porque la condición humana es la misma y es ésta la que hay que cambiar. Ahora son los sirios, pero no buscamos el por qué histórico, económico y filosófico, nos quedamos con la imagen que nos impide pensar, antes fueron los somalíes, antes Ruanda, antes Argel, El Cairo…la segunda guerra mundial (cincuenta millones de muertos), la guerra civil española un millón de muertos y un genocidio cercano a las trescientas mil personas, miles de exiliados políticos de por vida…no sigo, porque ésta es la historia. La historia está sembrada de cadáveres. Y creemos que hemos progresado, precisamente porque es un mito, una creencia y una mentira. Por eso digo que es mejor hacer el bien y pensar bien (no juzgar) del prójimo, en su sentido latino, proximus, cercano, que no rasgarse las vestiduras con lo lejano, ante lo que hay que indignarse y tener compasión también, pero eso llegará después y por contagio. Voy a preocuparme del vecino, de mi compañero de clase y de trabajo, no lo voy a juzgar, lo voy a comprender poniéndome absolutamente en su lugar para ver qué haría yo, y así no sería tan rápido en mis juicios negativos. Y si hago esto, ejerzo la compasión y he mejorado mi relación con el otro y mi relación conmigo mismo. He crecido espiritualmente. Y si todos vamos haciendo esto y vamos produciendo un salto de consciencia, y nos vemos tal y como somos, interconectados, que no existe un yo y una individualidad, que eso es el ego engañoso, que lo que existe es un nosotros, una comunidad, que es la que nos permite ser individualidad y Uno con todos a la vez, pues esta consciencia se trasladará al resto de la humanidad. En realidad el salto de consciencia es pasar del egoísmo a la compasión. De las apariencias (el yo no existe) a la realidad (el nosotros es lo que existe). Y, por eso, recomiendo leer, reflexionar o pensar (entender lo que pasa) y meditar (pararse y sentir que somos y qué somos). Y esto me parece un gran y ambicioso programa de enseñanza.

Juan Pedro Viñuela

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