Opinión. 'Yo quiero veros danzar'


           
“Yo quiero verte danzar como los cíngaros del desierto
con candelabros encima,
o como los parisinos en días de fiesta.
Yo quiero verte danzar como derviche tourne que giran
sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del catacari.(…)
Y radio tirana transmite música balcánica
mientras bailarines búlgaros,
descalzos sobre braseros ardientes.
En Irlanda del Norte, en verbenas de verano,
la gente anciana que baila al ritmo de siete octavas. (Franco Battiato)

La madrugada parisina arde entre tiroteos, estruendos, ruidos de sirenas y camillas sanitarias,  convertidas en inesperados sepulcros  que la vieja Europa cubre con sudarios dorados.

 

Desde el otro lado de la pantalla, empatizamos, desde esas mariposas de la incertidumbre que revolotean por dentro, con las frases nerviosas y entrecortadas de los periodistas, que asisten (asistimos) incrédulos al espectáculo histórico, repetido y universal de la infamia. Se me viene a la cabeza el libro que el psiquiatra Luis Rojas Macos escribió tras los atentados del 11/S en Nueva York: “Nuestra Incierta Vida Normal”. Desde ayer,  y no es nueva la certeza, pero desde ayer nos golpea con más virulencia esa título. Y todos los ciudadanos de este lado del mundo hemos despertado con esa certeza de que toda nuestra vida cotidiana, en cualquier momento, puede convertirse en un cataclismo inesperado , que nos deja en estado de shock( esos ojos desorbitados de las personas en el césped del estadio Saint Denis). La temible certeza de que no somos dueños de nuestro destino…

Mientras tanto, aprovechando ese estado de shock y dolor que nos hace más vulnerables que nunca, otros fanáticos “de esta parte del mundo”, queman un campo de pobres refugiados sirios en Francia, movidos sólo por un odio que no tiene otro fin en sí mismo que el propio odio. Mientras, escuchamos una y otra vez que los fanáticos (¿de otra parte del mundo?) han cometido y siguen cometiendo atrocidades con consignas como “en nombre de Alá” o “por los sirios”. Y mientras, desde la Casa Blanca, Obama lanza su bomba mediática para convertirse en el adalid global contra el terrorismo en el mundo, citando de paso sus provechosas alianzas con Francia, y luciendo el primero los colores de la bandera gala en un edificio emblemático.

Y una, que sueña con una alianza de civilizaciones, y que cree que sólo hay una raza humana, y que los humanos sólo se dividen en decentes e indecentes (Álex Rovira dixit), lanza esta reflexión, desde un dolor inconmensurable: Me duelen tanto las víctimas de los atentados de Francia, como esos pobres sirios represaliados, o ésos niños que se ahogan en el Mediterráneo. Nada justifica el asesinato. Ni siquiera , perpetrados en nombre de “dioses”. Como yo soy más bien panteísta, y espiritual (que no religiosa), creo que matar en nombre de estos dioses creados por el hombre : es decir: Pretender figurar – representar, con imágenes o sin ellas,  una inteligencia superior desde nuestros límites humanos es como querer atrapar las cataratas del Niágara en una cisterna de wáter: “cataratas de bolsillo”, escribió Cortázar, dioses de bolsillo son, por tanto,  los únicos que sólo podemos poseer.

Por tanto , ante los hechos sucedidos, y los que puedan devenir,  apelo a que la ciudadanía universal sea justa y no se divida en bandos alentados desde cualquier flanco,  que la humanidad sólo puede ser una, un solo corazón ensombrecido por el dolor en tantas partes del planeta. Pero un dolor del que debemos aprender a construir un mundo justo, igualitaria, fraternal.

Anoche, los tertulianos de tantos medios repetían: “Sólo estaba divirtiéndose, sólo querían bailar…”. Bailemos pues la danza global de la decencia, sin razas ni colores ni sexos ni vallas ni creencias: Bailemos sin tregua sin guerras sin banderas sin fronteras sin dioses furiosos… Bailemos, como los animales danzan en bandadas de armonioso equilibrio y belleza, seamos como esos pájaros con el corazón en las nubes ( territorio de todas las criaturas del planeta), que vuelan juntos sin competir por un pedazo de aire. Seamos aves amorosas al ritmo de un solo latido humano, y mientras tanto, mantengamos los pies y las manos firmes en la tierra: Una tierra en las que todos debemos abrazar el dolor ajeno como nuestro. La tierra: Territorio infinito de los ritmos que nos precedieron y que continuarán tras nuestro finito pasaje por estos pagos… Al modo de Whitman: Contribuyamos con nuestros pasos de tránsito a construir nuestra mejor partitura, versos sueltos que deben tener más fuerza que el sonido metálico y sordo de una ametralladora.

Concha Llamazares

Buscar artículo

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las 'cookies'. Sin embargo, puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.