Opinión. 'Construcción vs Recuperación'

En un proceso tan sufrido como el que hemos vivido, en el que la crisis ha sacudido todas las estructuras sociales y económicas, la recuperación debería sostenerse en pilares sólidos donde no se caiga en los errores del pasado y en los que en la conciencia de todos los intervinientes en los ámbitos de la sociedad se asiente con absoluta convicción. Unos de los sectores que más han sufrido en los últimos 7 años ha sido el de la construcción. La financiación desbordada para la edificación de viviendas, el derroche en el gasto de las administraciones para la obra pública y la especulación urbanística fueron esenciales para el estallido de la famosa burbuja.

Las consecuencias las conocemos todos: caída de los precios de la vivienda, construcciones abandonadas en periodo de ejecución, infraestructuras sobredimensionadas y, lo más grave, más de un millón de puestos de trabajos destruidos que dependían directa o indirectamente del sector.


Muchos de esos puestos de trabajos se componían de personas sin preparación. La construcción, en la época de bonanza, fue un saco en el que meter a todo el que “no sabía hacer nada” o rebotados de sectores deprimidos, como en el caso de inmigrantes recién llegados a nuestro país, jóvenes sin preparación, personas del sector agrario sin cualificación, etc… No obstante, otros muchos sí que eran (y son) profesionales con contrastadas capacidades y espíritu de sacrificio y superación. Desde los técnicos mejor preparados, hasta los operarios de los diferentes oficios tuvieron que reciclarse y encauzar su vida hacia otros ámbitos laborales o, por desgracia, buscar su porvenir fuera de nuestras fronteras. Y eso, en el mejor de los casos. Por desgracia, otros, siguen engrosando las listas del paro, esperando una recuperación en el sector que se antoja lenta y muy moderada.

Los datos estadísticos actuales, en donde se plasma el incremento del número de empleados en el sector de la construcción, son sólo un espejismo. La contratación para obra privada es muy tenue, debido a la dificultad en el crédito a las familias y a las empresas, así como por el gran número de viviendas, aún en stock, en poder de los bancos. Por otra parte, la obra pública en estos momentos está estancada debido a los compromisos del estado español (y como consecuencia de las comunidades autónomas) en el ajuste del déficit para los próximo años.

No obstante, y como en otros sectores de la economía española (como por ejemplo, el del automóvil), el Estado debería replantearse algún estímulo para le reactivación de la construcción que traería como consecuencia (y en cadena) una mejora paulatina de los afectados por esta crisis tan profunda.

No hablamos de recetas keynesianas de aumento del gasto público o del tan erróneo plan E de Rodríguez Zapatero. El gasto en obra pública, per cápita, en España, no llega a los 10.000 euros, muy por debajo de países como Alemania o Francia, que superan en un 50 % dicha cifra y con las infraestructuras más avanzadas que las nuestras. Derivar el gasto de muchas partidas (que aún siguen siendo deficitarias en servicios públicos) sería un acierto; así como eliminar las duplicidades en la administración, las ineficientes e ineficaces empresas públicas, las subvenciones a organismos y asociaciones que diluyen esos fondos (no de una forma muy clara); la infinanciable y egoísta renta básica, etc… serían la base para la reactivación y aumento de la obra pública en nuestro país.

El incremento de la actividad de la construcción en España traería consecuencias muy positivas para la economía. La principal y más importante, la generación de empleo. Todos sabemos que a mayor generación de empleo, más consumo y menos gasto social, con el consiguiente ahorro en las arcas públicas. Todo esto, sin contar con la mayor recaudación en cotizaciones sociales. Por otro lado, el sector de la construcción depende poco, o casi nada (en términos generales) del mercado exterior, es decir, importamos pocos bienes para el sector. La balanza exterior apenas se resentiría en una época de ralentización de la economía mundial donde nuestras exportaciones han caído.

Otro de los estímulos para la reactivación del mismo vendría por un replanteamiento del ordenamiento jurídico que envuelve todo lo relacionado con el suelo. La liberalización del suelo (siempre ordenada) evitaría una nueva burbuja de especulación urbanística y alejarnos de la corrupción que la ha fomentado.

Las administraciones deben ser conscientes de la importancia del sector de la construcción, que, a fecha de hoy y especialmente en nuestra comunidad autónoma, está totalmente en “stand by”, a expensas de lo que suceda el próximo 20 de diciembre. No podemos permitirnos tener un motor económico paralizado por un interés partidista o electoral. Muchas familias dependen de ello.

Esperemos que el “malogrado” ladrillo torne de su negro actual a su color tradicional.

Juan Manuel Naranjo García.
Arquitecto Técnico.

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