Opinión. 'La enfermedad'

Todos creemos saber, más o menos, qué es la enfermedad. Y todos, por supuesto, deseamos no estar enfermos, aunque no agradecemos el estar sanos cuando lo estamos. Es difícil definir la enfermedad, ni yo voy a hacerlo aquí. Lo que sí voy a hacer es una crítica al concepto de enfermedad ortodoxo, por un lado y a la relación que se da entre enfermedad y ética. Es decir, las enfermedades se valoran éticamente, debido a la ideología del sistema, y dan lugar a juicios de valor sobre el enfermo.

 

Empecemos con lo primero. La medicina que tenemos nos proporciona muchos bienes y elimina muchos dolores, qué duda cabe, negar esto es negar la evidencia. Ahora bien, también produce muchos males, por un lado y, por otro, está aún más en el ámbito de lo descriptivo que de lo explicativo. Es decir, que desde el punto de vista científico le queda mucho camino que recorrer. Cosa que a mí no me importa, porque pienso que el objetivo de la medicina no debe ser el constituirse como ciencia, sino el ser un saber humanístico integral. Es decir, que la medicina debe ser un arte, una técnica, una ciencia y todo dentro de una visión humanística integral. Y digo esto porque la medicina, y de ahí su concepto de enfermedad, es un saber cientificista y reduccionista, además de estar éticamente guiado por el principio, ya obsoleto y en contra de la dignidad y libertad humana, que es el de paternalismo médico. La medicina cae dentro de la ideología del cientificismo. Pretende ser ciencia porque cree que siendo ciencia pues alcanza la verdad. Pues, siguiendo a Bunge, habría que decir “que hay más verdades en una guía de teléfono que en toda la ciencia junta” la verdad no es precisamente la característica fundamental de la ciencia. La ciencia tiene muchas características, podemos decir que una de ellas es la búsqueda de la verdad, pero hay muchas más: intereses económicos, políticos, profesionales, competencias, privacidad y muchos más que no tienen que ver con la verdad y que guían la investigación científica en un sentido o en otro. Pero, en el caso de la medicina, es que, en gran medida, no cumple los criterios de demarcación científica, es decir, lo que llamamos el criterio de falsabilidad. Es decir, que la medicina se basa en la verificabilidad, pero esto ni garantiza la verdad, ni la cientificidad de la medicina. La verificación es como una generalización inductiva. Es decir, hasta ahora todos los cuervos que he visto son negros, luego concluyo que todos los cuervos son negros. Lo cual me permitiría predecir que el siguiente cuervo que vea será negro. Ahora bien, yo no puedo hacer esta predicción, que es lo que le pasa al médico cuando se le pregunta sobre cómo será el transcurso de la enfermedad, cómo evolucionará, no te puede dar la respuesta de un físico sobre la evolución de la órbita de un planeta. Por eso la física es la reina de la ciencia y la medicina, simplemente, no es ciencia. Otra cosa es que se apoye en ciencias, eso es indiscutible. La verificación no nos permite predecir, hay que esperar a que el fenómeno ocurra para poderlo verificar por la experiencia. Por eso el médico, cayendo en una tremenda contradicción, nos dice, “Es que en medicina 2+2 no son cuatro”. Y se queda tan pancho y, el paciente, perplejo. Tanta tecnología y tantas pruebas que agotan la paciencia del paciente, y nunca mejor dicho, que es lo que ocurre hoy en día en la medicina con tanta tecnificación; y al final se reduce a la individualidad de cada enfermo. Es que cada uno evoluciona a su manera. Bien, pues para ese viaje no es menester alforjas. Y, digo esto, porque la ciencia trata de lo universal y necesario y, ahora resulta que, los médicos, embutidos en sus batas de nuevos redentores, resulta que reducen la enfermedad al enfermo. Es decir, a todo lo contrario de lo que es la ciencia. En fin, habría mucho que hablar de la metodología científica en medicina, sólo he querido señalar esto porque es lo que ataña a la enfermedad. lo importante es que la medicina, eso sí, se nutre de otras ciencias más fundamentales de las que no dudamos de su carácter científico. Pero, por favor, no se identifique ciencia con verdad.

La medicina cae en el reduccionismo mecanicista, además del cientificismo. Esto quiere decir que lo reduce todo a materia. Y las relaciones de esa materia consigo mismo son mecánicas. Como la maquinaria de un reloj. Es el paradigma que se desarrolló con Descartes y que hizo posible el surgimiento de la ciencia moderna (la física y después las demás), pero que la ciencia ha abandonado ya en el siglo XX con el surgimiento de la teoría de la Relatividad, la mecánica cuántica, el teorema de Göedel, la teoría de sistemas, la teoría de la complejidad, la teoría de juegos, la teoría de los fractales… Pero nuestra medicina, para nuestra desgracia, sigue anclada en el viejo paradigma mecanicista que casa muy bien con el cientificismo. Esto ha favorecido la deshumanización de la medicina y la tecnificación de la misma. Lo cual ha llevado a la alienación del paciente que es considerado como un objeto, porque el paciente no existe, sólo existe la enfermedad y la enfermedad es un objeto para el médico que intenta medir con la alta tecnología de la que dispone. Por eso el paciente no cuenta para nada. El médico no lo tiene presente, o ni lo mira si quiera. Basta con ver los datos de su enfermedad en el ordenador y punto. Lo único que necesita son los nombres y apellidos del portador de la enfermedad. Aquí, por supuesto, hay una gran variabilidad dependiendo de la sensibilidad y el humanismo del médico. Pues les aseguro que cura más un trato agradable y de complicidad con el paciente que no la lectura de los números ciegos que nos dan las pruebas y máquinas. Pues bien, estas son las consecuencias éticas y antropológicas del cientificismo y el mecanicismo. Hemos demostrado que el cientificismo es un error, ahora toca demostrar que el mecanicismo también lo es. Aunque, simplemente, con el desarrollo de las ciencias ya lo podríamos refutar, se ha pasado a otro paradigma en el que el concepto de materia no tiene nada que ver con el de máquina. Además este nuevo paradigma le ayudaría al médico a la hora de decir que no hay enfermedades, sino enfermos. Las enfermedades son un criterio metodológico de clasificación que hacen posible el trabajo, pero la enfermedad en sí, no existe, existen los enfermos y la clasificación de enfermedades nos ayudan a tratarlos. Pero de hecho en la praxis hay enfermos. Es de vital importancia que la medicina asuma el nuevo concepto de materia y la nueva matemática probabilística que trata este nuevo concepto de materia. Mientras tanto, el médico se creerá que trata con un coche y no con un ser humano. Por otro lado, esto nos lleva a una visión integral y holística del ser humano. El hombre, no solo es que no sea una máquina, que la materia que constituye su cuerpo es algo mucho más complejo, sino que en el hombre existen más niveles, además de los del cuerpo, y que coexisten integralmente, en la medida en la que todos son distintas formas de energía. Porque no debemos de olvidar, cosa que hace el mecanicismo, y nuestro sentido común, que la materia, el cuerpo, no es más que una de las formas que adopta la energía. Pues bien, el ser humano es cuerpo, mente y espíritu (me refiero a la dimensión espiritual del hombre, no a un alma sustancial, aunque también podría ser. Creo que en realidad es lo mismo, es un estado energético, luego las religiones pueden decir lo que quieran, pero nosotros no podemos salirnos de lo que la ciencia, en un sentido amplio, no reduccionista, nos dice.) Y el cuerpo, la mente y el espíritu están en íntima relación. Lo que pasa en el cuerpo repercute en la mente y el espíritu y a la inversa. Y esto no lo tiene en cuenta el médico. En el nivel mental residen las emociones (no estoy postulando un dualismo o trialismo, sino un emergentismo. Cada nivel surge e interactúa con el anterior. En lo que habría que ponerse de acuerdo es en cuál es la dirección: si del cuerpo al espíritu o del espíritu al cuerpo. Pero esta discusión excede el tema que tratamos. Yo simplemente postulo mi hipótesis que la podemos llamar “Energentismo emergentista.” Pues bien las emociones influyen en el cuerpo, lo mismo que el cuerpo en las emociones. El espíritu es el ámbito de la libertad y la voluntad y los afectos o sentimientos. Y son condicionados por el cuerpo y la psique o mente y a la inversa. Qué quiero decir con esto. Pues dos cosas. La enfermedad se da en los tres niveles, no sólo el del cuerpo, que es como se trata actualmente. Por tanto la enfermedad, en cuanto tal debe ser entendida en la interacción de esos tres niveles y esto explicaría muchas cosas, como por ejemplo, ese silencio del médico que acaba diciendo que cada uno es distinto. Pues claro que somos distintos, porque no somos máquinas, sino personas y estamos dotados de esos tres niveles, además de que el cuerpo no es una máquina, sino algo infinitamente más complejo. Y, en segundo lugar, como la enfermedad no se recluye en el ámbito mecánico del cuerpo, pues, lo mismo que la enfermedad, el paciente ha de ser tratado como persona. La enfermedad no es algo aislado del paciente, es un proceso de transformación que se da en el paciente por múltiples causas, no por una, como nos dice el mecanicismo. Y esto nos llevaría a un trato humano del paciente, que es lo importante, porque el médico lo consideraría un sujeto de dignidad y no un mero objeto. De esta forma la medicina se transformaría en un arte y una ciencia humanista. La medicina tiene más de arte que de ciencia y más de humanismo que de tecnología. Necesita de la ciencia y la tecnología, pero es un saber y una praxis, mucho más amplia, digna e importante. Es un saber humanístico.

En cuanto a la enfermedad propiamente dicha ya hemos señalado el error que se comete cuando se separa la enfermedad del resto del ser humano, incluso del resto del cuerpo, como si fuese el cilindro de un coche que se puede tratar separadamente. Las cosas no funcionan así. Y, ahora, lo más revolucionario. Las enfermedades son tratadas como efectos materiales de causas materiales. Considerando materia en el sentido antiguo de materia. Pues bien, aquí la medicina confunde causa y efecto. Para empezar las enfermedades son procesos que se dan en el propio cuerpo y que no se pueden ni separar ni entender fuera de él. La enfermedad del cuerpo tiene que ver con los otros dos niveles que constituyen al ser humano. Por ello mantengo, como lego en la materia, pero abalado por muchos especialistas, aunque son los menos, todo hay que decirlo y, además, lógicamente, están fuera de la ortodoxia médica, que la enfermedad es un síntoma, no una consecuencia. La enfermedad es un síntoma de las emociones, luego pueden intervenir, para que se desarrolle, todos los factores materiales que queramos, pero su origen primero es emocional. De ahí que una sanación emocional es siempre necesaria, de lo contrario, vivimos siempre emocionalmente enfermos y eso limita nuestro espíritu y nuestro cuerpo, de tal forma que, al final, el cuerpo enferma. La sabiduría popular acierta en esto y nos da consejos en forma de refranes para que cuidemos nuestras emociones y no enfermemos. Por poner un ejemplo extremo, que además me lleva al último punto del artículo: si alguien bebe, fuma o toma drogas o todo a la vez, pues por supuesto que acabará enfermando. Ahora bien, la medicina ortodoxa lo que nos dice es que la causa de la enfermedad es: el alcohol, el tabaco y las drogas. Pues no señor, la enfermedad es un síntoma de determinadas emociones que habría que haber sanado antes. Lo que quiero decir con esto es que, una vez que se produce la enfermedad habrá que tratar la enfermedad, pero sabiendo que es un síntoma de unas determinadas emociones. Lo que hay que preguntarse, si queremos conocer la causa de la enfermedad es ¿Qué es lo que hace que una persona beba, fume o tome drogas? Y ahí nos encontraremos con que la respuesta está a nivel emocional, un trauma (herida, enfermedad) no resuelto que al final repercute en el cuerpo. De tal manera que la enfermedad es el síntoma que nos avisa de nuestro conflicto, de nuestros pensamientos y creencias erróneas. De modo que el tratamiento de la enfermedad debe ser integral, no tratar solo el síntoma, que es lo que hace la medicina ortodoxa.

Y al hablar de las drogas me lleva al último punto que es la dimensión ética que algunas enfermedades tienen. Las enfermedades que se consideran debidas al abuso de drogas, de una “mala” vida… están estigmatizadas. Es decir, sobre ellas se hace un juicio de valor. Tiene cáncer de pulmón porque fumaba mucho. Ya se está haciendo un juicio sobre la persona. Lo primero es que no podemos juzgar. Quién se atreve a juzgar, quién se atreve a tirar la primera piedra y, además, de forma equivocada, por qué fumaba tal señor o señora. Además de que está de por medio la cuestión de la libertad, que ni es absoluta ni ilimitada, pero ahí está. De tal forma que el paciente, tiene la enfermedad y el juicio social sobre su persona. Juicio social que en el fondo es egoísta, pero no vamos a entrar ahí. Lo que sí voy a decir es que estas enfermedades estigmatizadas éticamente, algo fuera de lugar totalmente, proceden de la sociedad capitalista en la que vivimos. Tú eres el culpable de tú enfermedad y vas a hacer que el estado se gaste una pasta gansa para curarte por tu culpa. Y no bromeo, no sé en qué quedó la cosa, pero hace unos años en Inglaterra se planteó poner al final de la lista de espera a los fumadores. Un atentado contra la dignidad y la libertad. Ciudadanos de primera, de segunda y aún de más niveles. La enfermedad entra también dentro del cálculo mercantil capitalista. Al capitalismo no se le escapa nada, por tanto la enfermedad es una mercancía. Por ello desarrolla una ideología de culpabilidad, como las religiones, para oprimir y hacer que la ciudadanía lleve una vida rentable para el capital.

Juan Pedro Viñuela.

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