Opinión. 'El cristianismo: una religión vacía, sin creyentes ni practicantes'

El cristianismo es tremendamente desconocido por los propios cristianos. No sólo es que se digan cristianos, sino que ni conocen la dogmática de la iglesia y, menos aún, practican la ética avangélica. Hay grupos de creyentes que sí lo conocen. Ahora bien, tampoco conocen los estudios histórico-críticos del nacimiento del cristianismo y la canonización (selección de textos para decir cuáles son los auténticos y cuáles, no. Por ejemplo había más de cuarenta evangelios circulando y se quedaron en cuatro) de las escrituras, ya en el siglo IV en el Concilio de Nicea. Pero esto correspondería a un estudio laico, que no ateo, de los orígenes del cristianismo, como de cualquier religión.

 

 

Y los enfoques, además de históricos y filosóficos, pueden ser muy variados: psicológicos, sociológicos, antropológicos,… Pero esto no es lo discutible ahora. Lo discutible es que la visión de la religión cristiana es muy pobre en los más de mil millones de cristianos. El cristianismo, al haber pasado por la Ilustración, y el posterior desencantamiento del mundo, se ha convertido, mayoritariamente, en una religión terciaria, que diría Gustavo Bueno. Ello quiere decir, una religión mayormente ritual. En cuanto a los grupos de base cristianos son muy loables por una razón, la vuelta a los evangelios para dotar de contenido a las liturgias del cristianismo. Pero el problema de estos grupos es que, muchas veces, aunque la iglesia haga la vista gorda, se salen de la dogmática cristiana, en otros tiempos serían, literalmente, herejes. Hoy en día no puede ser así porque es el único motor social con el que cuenta la iglesia. Ahora bien, cuando intelectualmente se desarrolla una teología basada en la justicia social (el amor al prójimo) como es la teología de la liberación, entonces sí son eliminados por la dogmática cristiana, por la iglesia, y sus teólogos son juzgados por el tribunal del Santo Oficio y expulsados de la enseñanza e, incluso, del sacerdocio. Hay un libro precioso escrito por un jesuita, filósofo y teólogo de la liberación que se llama “Fuera de los pobres no hay salvación”. Contra el dogma de la iglesia que afirma que fuera de la iglesia no hay salvación. Éste es el dogma de la iglesia, otra cosa es lo que se predique. Hay un problema con los cristianos que viven el cristianismo de forma ritual, es decir, la cascarilla, sin conocer y, menos, practicar el evangelio que es el hecho de que se agarran al ritual por la mera tradición y porque no han sido capaz de forjarse su propia imagen del mundo. Viven en la inercia: se casan por la iglesia, pero les da igual, bautizan a sus hijos, los matriculan en religión, luego hacen la primera comunión y la confirmación…y ellos se entierran religiosamente. Pero no cumplen los sacramentos: comunión, confesión, no cumplen los mandamientos de la ley de dios, ni menos, el nuevo mandamiento, están sumidos en la religión del capitalismo: adicción a las tecnologías, a las que consideran las nuevas redentoras de la humanidad, consumistas, nihilistas y egóticos. Su ritual es el consumir y el contenido de su ritual es el objeto consumido que en el propio acto de consumir se deshace en la nada y produce el nihilismo. A mi manera de ver, lo importante es leer los evangelios e intentar comprenderlos en su mensaje ontológico: ¿Qué es el reino de los cielos? Pues la justicia y el bien en la tierra, en esta vida que, por lo demás, es aparente, es el fruto de nuestro ego. Y en su mensaje ético ¿Qué debemos hacer? Pues tenemos la parábola del samaritano y el sermón de la montaña. Pero es que el cumplimiento de todo ello nos lleva al reino de los cielos. Al Ser, o vuelta al Ser y el fin del dualismo tú-yo, Hombre-Naturaleza.

Juan Pedro Viñuela

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