Opinión: 'Personas inmigrantes'

La mayoría de los españoles tienen dos versiones en una historia concreta de cualquier inmigrante. La primera versión es que hay que ayudarlos, puesto que vienen de países que tristemente no les han dado una educación óptima ni han sido valorados como personas principalmente, sino como mulos de carga. También solemos pensar que vienen con una actitud positiva y que habrá gente que querrá aprovecharse de su buena intención, explotándolos de nuevo, con lo cual habrá que realizarles un continuo seguimiento.

Este acompañamiento no sólo lo queremos centrar en que la persona inmigrante aprenda el oficio, el idioma o se adapte a nuestras costumbres para estar todos más iguales, sino para que al recibir nuestra cultura, aporte a nuestro país en muchos sentidos y ámbitos aquello que, o no queremos hacer, no sabemos, no le damos importancia, o simplemente que aporte para que España, en este caso, sea un país más rico.

 

La segunda versión es que antes de ayudarles y darle oportunidades a un “sin papeles”, se la demos a un español que la necesita realmente. Quedando como última opción esa ayuda.

 

Me planteo lo siguiente: los españoles siempre hemos sido los primeros en casi todas las ayudas, hemos tenido tanto que hemos llegado a mirar por encima del hombro a aquellos “sin papeles” que realizaban un trabajo mal visto, mal pagado o demasiado pesado. Hemos llegado a infravalorar a las personas, tanto inmigrantes como españolas, que se dedicaban a cuidar o limpiar una casa. Y ahora, que nos vemos tan mal, sobretodo económicamente, es cuando queremos esos trabajos que antes no eran valorados. Es normal que en muchos casos se le den más ayudas a los de fuera por el simple hecho de que tienen ganas de aportar y son los que más lo han demostrado. Y si lo que queremos es trabajar también podríamos pensar que cuantos más inmigrantes entren con ganas de formarse y avanzar, más personas españolas, en el caso de que se piense así, puedan formarse para ello. Pero tampoco es el caso. Seguimos pensando la mayoría en nosotros mismos, y en destruir todo lo que no es nuestro cuando hemos sido nosotros quienes hemos abierto nuestras puertas a otro tipo de personas dispuestas, por estar indispuestos nosotros.

 

Todos somos iguales y hemos sido iguales desde siempre, y es una pena que seamos nosotros mismos los que creamos talleres clandestinos en lugares donde se mueren de hambre para conseguir ser más ricos, que abramos las puertas de nuestro país para que hagan lo que no queremos hacer nosotros y que, encima ahora, después de ser conscientes de todo lo que hemos hecho mal, pensemos en cerrárselas. ¿Para qué? Después de dejarlos sin nada, y sin esperanzas en su propio país, ¿encima les vamos a dejar morir en el nuestro? Creo que la avaricia se nos ha ido a muchos de las manos y nos hemos quedado muy cortos a la hora de concienciar al resto.

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