Opinión. 'La medicina y las llamadas medicinas alternativas'

Hace unos días he leído un artículo contra las medicinas alternativas, así llamadas, un tanto despectivamente y fuera de lugar y desconocimiento total, que dejaba mucho que desear desde el punto de vista científico. No es que yo defienda a los que se atacaban fundamentalmente, que se defiendan ellos. Lo que sí ataco es los modos que tiene la medicina oficial de defender su estatus, por un lado e imponer su modelo, por otro. Habría que hablar muchísimo, tanto sobre la medicina como institución, como profesión, como negocio y como “ciencia”. Así que me centraré en algunas cosas de pasada.

A las llamadas medicinas alternativas, y concretamente en este artículo, pero todos están cortados por el mismo patrón, incluso los que atacan a brotes “alternativos” dentro de la misma medicina oficial, se las ataca sin el más mínimo conocimiento científico, sin ningún dato, sin ningún estudio epidemiológico y, con argumentos que se vuelven contra la propia medicina. Se habla de índice de fracaso, pero de forma puntual, porque no existen estudios, cosa que sí existen en la medicina “oficial” y los fracasos, el sobrediagnóstico y las curaciones o éxitos encubiertos son estrepitosos. Según los organismos oficiales, entre la segunda o tercera causa de muerte en los EEUU, se encuentra la medicina. Algo se debe estar haciendo muy mal, en esa supuesta ciencia (nótese, para el que sepa algo de metodología de la ciencia, que ciencia no es igual a verdad) para que ocurra esto. Resulta que existen datos oficiales sobre el asunto, como existen datos oficiales sobre la ineficacia de montones de medicamentos, así como el exagerado sobrediagnóstico y las excesivas pruebas innecesarias que causan daño en el paciente.

Y se arremete contra los “alternativos” de querer engañar a los pacientes, no dudo, que haya muchos. Pero, qué ocurre con la medicina privada, no es un engaño, una estafa, no se sostienen tratamientos que no son necesarios, incluso quimioterapia, algo que, literalmente, te mata. El porcentaje de curación con la quimioterapia es del cincuenta por ciento. No es ningún éxito que digamos. Pero no vamos a entrar ahí, habría que ir caso a caso y con los datos de por medio. Pero sí voy a señalar, de entrada, dos cosas que me parecen éticamente bochornosas. La primera es que se nos habla desde la posición de la autoridad, es decir, desde el paternalismo médico. Y, desde éste, se nos inocula el miedo. Y con el miedo se nos roba la libertad de elección sobre que tratamiento queremos y que queremos hacer con nuestra vida. Toda la crítica a las llamadas medicinas alternativas se hace desde esta supuesta posición de poder que tiene el médico, porque el médico es el que sabe. Eso lo veremos después, el médico, y la medicina, si fuese honesta, reconocería, primero, los límites de su conocimiento, como toda ciencia y, en segundo lugar, no impondrían un único modelo de conocimiento, ni de acción. Eso es autoritarismo. Ningún saber puede utilizarse como sistema de control, cuando se hace, que se hace mucho, es un autoritarismo. Y, la medicina lo hace continuamente. Por otro lado, la medicina esconde, generalmente, su ignorancia sobre algo, en una terminología críptica que, fácilmente, se podría traducir al paciente, cosa que no se hace, porque, si entendemos al médico, pues pierde su poder. El médico es el nuevo redentor, el chamán de la tribu. El halo de su bata blanco lo precede y nos nubla nuestra capacidad crítica y nos hace caer en la sumisión. Porque cuando se está enfermo se es muy vulnerable, y por eso me parece una auténtica barbaridad ética que se haga uso de este criterio de autoridad o de paternalismo médico. Si alguien acude a la medicina alternativa, pues allá él. Si lo engañan, pues es que el que lo ha hecho pues se ha aprovechado también de su dolor. Ya he dicho que aquí no se escapa nadie. Porque no estamos hablando de un mal de la medicina alternativa, sino de la condición humana. Pero, hay una diferencia, la medicina alternativa no está ocupando el poder, mientras que hay una medicina oficial que causa mucho daño, físico y ético y que se cree en posesión de la verdad porque, dicen, son científicos y son los que están en el poder. Se basan en el métdo de la evidencia, que, curiosamente, no son más que generalizaciones inductivas, es decir, que no prueban nada, salvo, que de aquí para atrás, en determinadas circunstancias, las cosas, más o menos, han funcionado de determinada manera.

Un segundo problema ético de gran calado es el que en el fondo se está planteando, y se les ve el plumero a la legua, porque es una de las profesiones más corporativistas que existen. Pues bien, con lo que nos encontramos es con una lucha de interés profesional. Continuamente se quiere formalizar la acción médica desde los colegiados. Es decir, que es un título lo que garantiza un saber. Bueno, ya sabemos cómo están las carreras universitarias y qué es lo que enseñan. Pues un paradigma, una forma de hacer y ver las cosas. Pero hay más ciencia que la meramente universitaria y más, cuando hablamos de una ciencia como la medicina que está sujeta a otro grupo de poder que es el industrial farmacéutico. Ahora, y en virtud de los intereses del mercado, se ha invertido el proceso. Las medicinas no se inventan para curar (si es que curan, que es que, como digo, hay tantas cosas de las que hablar), sino para cubrir las enfermedades que nos hemos inventado. Que a la industria farmacéutica le interesan. Y esto son palabras mayores. Ahora, el embarazo, el parto, la menopausia, el colesterol, son enfermedades. Nuestra vida está medicalizada, que es lo mismo que decir, mercantilizada, como si no tuviésemos suficiente con el propio trabajo. La medicina no contempla al paciente como persona, quizás algo que sea lo que va buscando el paciente en las medicinas alternativas, un trato humano, alguien que le escuche. Y eso, probablemente, ya de por sí es sanador. Cosa que antes tenía la medicina, puesto que era, más que ciencia mecanicista y reduccionista, un arte humanístico. El progreso se llevó, junto con la industrialización y mecanización, todo esto por delante. No quiero decir con ello que no sea aprovechable y sumamente beneficioso mucho de lo que de la tecnología nos viene, ahora bien, esa tecnología debe ser humanizada, por un lado y, por otro, no puede estar en manos del mercado. La salud, simplemente, debería ser un bien público, como la educación y demás…pero, no por ello homogéneo. En definitiva, que la defensa que se hace se hace desde la autoridad de un colegio profesional para evitar el intrusismo y el fraude, cuando realmente, el enemigo está en casa. Porque, insisto, la medicina es muchas cosas y entre ellas es un negocio de la industria farmacéutica. Y aquí no rigen las leyes, ni normas éticas, ni científicas, sino la competencia salvaje. El propio médico se engaña, además de que es un ignorante en lo que a metodología de la ciencia se refiere. Decía Bunge, físico y filósofo, nada sospechoso de defender lo que no sea ciencia, un gran fustigador de todo lo que suene a alternativo y demás, que, “hay más verdades en una guía de teléfono que en toda la ciencia junta.” Pero, una guía de teléfono no es ciencia. No es la ciencia lo que garantiza la verdad. No porque lo diga la medicina, dudosa ciencia, o ciencia en pañales, para ser más exacto, va a ser verdad. Cuando se utiliza este argumento lo que se está utilizando, en verdad, es una falacia (argumento erróneo) que se llama argumento de autoridad, que, por sí mismo, no prueba nada.

Me gustaría señalar dos cosas. La primera es lo del placebo. Esto es asombroso. Cómo es posible que una actividad que se autoproclama ciencia admita un nivel tan alto de placebo. Y, cómo una actividad que se autoproclama ciencia se atreve a decir que cuando alguien se cura con otro tipo de medicina eso es placebo, y no sulo no lo es, cuando los números mismo se lo están diciendo. Pero, voy más allá, qué es el placebo. Pues el placebo es el nombre que la medicina y la industria farmacéutica utilizan para ocultar su ignorancia. Es decir, no saben cómo algo que no tiene el principio activo te cura y a eso lo llaman placebo y lo meten en algo nebuloso como lo psicológico. Como si esto fuese algo fantasmal y etéreo. No, eso es actuar desde la ignorancia. Lo suyo es investigar por qué funciona el placebo. Qué mecanismos se han puesto en marcha en el cuerpo que ha logrado la autosanación. Y esto es muy importante, porque si los descubrimos, habremos descubiertos el origen, la causa de nuestros males y la forma de dirigir nuestra autosanación. Pero, por el camino, nos hemos cargado la industria farmacéutica, pero, claro, con la iglesia hemos topado, amigo Sancho. Así que permanezcamos en la ignorancia y sigamos hablando en términos de superstición, pero con un lenguaje técnico que oculte nuestra supina ignorancia. Y, sobre todo, protejámonos profesionalmente, de aquellos, que por otros derroteros parece que tienen algo que decir de las causas de la enfermedad y de la posibilidad de la autosancación o curación. Y es muy curioso cómo la medicina acude a la superstición, incluso en su terminología, para “explicar” lo que no entiende y quedarse tan pancho. Cuando alguien se cura de una enfermedad, sobre todo si es grave o terminal, pues se habla de remisión espontánea. Pero esto qué quiere decir. A mí me parece que esto es lo mismo que decir que esto es un milagro. Pero como ellos son muy científicos no pueden utilizar el término milagro y utilizan el de remisión espontánea y tan tranquilos. Pues cuando hay una curación de este estilo habrá que ir a la etiología, a las causas del por qué se produce, y no quedarnos en un término que no dice nada. No señor, no hay milagro, hay una autocuración, que nuestra ignorancia no sabe cómo funciona. Y hay que poner toda la maquinaria científica y técnica para averigar cómo se produce porque si lo averiguamos será un gran logro para futuras terapias. Sin embargo, ya digo, esto es algo absolutamente sin investigar, algo que se recubre de lo psicológico, como si lo psicológico no emergieses del estado bioquímico de nuestro cerebro. En fin,…

Y, por último quiero aludir a una cosa en concreto sobre lo que se hablaba en el artículo que ha dado lugar a esta reflexión, que no pretende ser ciencia, sino mover a la reflexión y a la capacidad de tomar nuestro poder y nuestra libertad frente a las instituciones que nos la pretenden robar. En el artículo se arremete con lo que se llama la psicología transgeneracional y se dice que es absurdo pensar que los males se repiten de una generación a otra. Bien, desde luego que, mágicamente, no. Efectivamente, ahí coincidimos. Pero si el autor tuviese mínimos conocimientos de esa ciencia nueva que es la epigenética sabría que el entorno es la causa que activa determinados genes y que, después, de esa activación los genes que heredan los descendientes están ya activados. Luego, lo que les ocurrió a nuestros ancestros tiene mucho que ver con nosotros desde el punto de vista genético. Lo dejo ahí para que el lector investigue.

Añadir una cosa más que me ha recordado esta última reflexión. La medicina, desde hace unas décadas para acá, ha encontrado su panacea y, sobre todo, su afán de ser como las ciencias duras, la física y la química e incluso la bioquímica. Y ha sido la genética. Y, de ahí ha sacado una idea pseudocientífica, una creencia, una falsa filosofía, que es la del determinismo. Ahora está todo claro, todo viene determinado genéticamente. Son los genes los que marcan el origen de nuestras enfermedades. Pues tanto el determinismo como filosofía, como el genetismo como ciencia, son falsos. El determinismo no es más que una idea del mundo, una creencia, por lo demás, indemostrable, porque no es falsable, no es ciencia, es filosofía. Lo cual no quiere decir que sea falso, sino que es una idea general, una manera de ver las cosas que sólo es una guía para la ciencia, no una verdad absoluta. Y, en cuanto al genetismo, pues, bueno, con lo que hemos dicho de esa nueva ciencia de la epigenética pues nos queda claro que ha sido refutado. Además de que obedece a un paradigma mecanicista y determinista ya superado. Ya no es fácil distinguir entre el dentro y el fuera. Estamos en vías de solucionar esa dicotomía, ese gran problema filosófico que procede ya de los tempos de Platón y su discípulo Aristóteles, aunque es anterior. Y, por otro lado, esto tiene una consecuencia ética. Si no hay determinismo genético, sino un condicionamiento, entonces recobramos nuestra libertad. No somos máquinas ni androides. Y también dejo este tema de la libertad abierto, porque en última instancia, todo esto no ha sido más que un poco de aire fresco contra el autoritarismo, el miedo y la superstición. Abrir un poco las ventanas para que entre el viento de la libertad…

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