Editorial mayo: "Más vaivenes en la educación"

En la Tribuna de este mes analizamos uno de los problemas más importantes que existen hoy en día en las aulas de los centros educativos, el acoso escolar. Esta lacra que sufren muchos jóvenes sólo puede ser paliada si remamos en la misma dirección padres y madres, profesores y poderes políticos, con el objetivo de dar el apoyo y protección necesaria a los jóvenes que están sufriendo todos los días este tipo de agresiones. Para ello, por tanto, se requiere de una coordinación entre todos los estamentos que forman la comunidad educativa.
En otro orden de cosas, la Consejería de Educación y Empleo ha presentado hace unos días  el nuevo currículo para la ESO y Bachillerato, donde se ha modificado la distribución y carga lectiva de muchas asignaturas en todos estos cursos.

Aunque todavía quedan algunos pequeños escollos por superar para la publicación definitiva del nuevo currículo, que en cualquier caso sería en las últimas semanas de curso, esta cuestión aporta aún más incertidumbre a los centros educativos, que ya están inmersos en la organización del nuevo año académico; y al alumnado, que ahora tiene que elegir nuevas asignaturas, de las cuales desconoce su contenido al ser algunas nuevas. Con esta medida la Junta de Extremadura ha pretendido “reducir” los efectos de la LOMCE (ley educativa aprobada por el PP sin apoyos de otros partidos) y, como medida “estrella”, se encuentra la reducción del horario de Religión, contentando así a gran parte del electorado socialista.

Por tanto, y tal como han hecho los dos partidos que han gobernado nuestro país en los últimos años, PP y PSOE, nuevamente se anteponen los intereses políticos sobre el interés general, que debería centrarse en la estabilidad de nuestro sistema educativo. Más aún, cuando estamos a la espera de unas nuevas elecciones generales. Dependiendo del resultado de las mismas y de los pactos a los que se lleguen después, nuevamente se pueden producir modificaciones importantes en la legislación educativa, que en este caso podría ser que la LOMCE fuera derogada en el caso de que el PP perdiera el poder.

No parece de recibo, por tanto, tantos cambios en la normativa, que requiere de un pacto real entre nuestros representantes políticos, un pacto que sea duradero y que, al igual que con el tema del acoso, con el que abríamos este editorial, ponga realmente de acuerdo a todos los estamentos de la comunidad educativa. Solo así podremos fortalecer nuestro sistema educativo y, por tanto, nuestra sociedad. Por desgracia, esto hoy en día parece una utopía.

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