In memoriam al sacerdote fontanés Cesáreo Bermudo Guerrero

El pasado viernes 5 de marzo fallecía en Fuente del Maestre el sacerdote Cesáreo Bermudo Guerrero a los 96 años de edad y tras pasar sus últimos años instalado en la residencia de ancianos de su localidad natal.

Don Cesáreo, como era conocido, nació en Fuente del Maestre, el día de Todos los Santos del año 1924, en la calle Cruz. Y desde pequeño parecía llegarle el rocío de las que fueron sus grandes pasiones la música y el sacerdocio, ya que en su fe de bautismo aparecen como testigos Juan Tena Vielsa, organista de la parroquia y gran músico y Antonio Zambrano Serrano, el que fuera padre del sacerdote Luis Zambrano.

Este sacerdote fontanés inició la carrera eclesiástica primero en Badajoz y luego en Roma, en la Universidad Gregoriana de los jesuitas. Termina Teología y licenciatura en Derecho Canónico simultaneando los estudios con la música. En Roma estudia en el Pontificio Instituto de Música Sacra especialidad en gregoriano y dirección polifónica. Fue vicedirector de la Scola del Pontificio Colegio Español de San José.

Su ordenación sacerdotal tuvo lugar el domingo 2 de Noviembre de 1947 en la capilla del Colegio Español por el cardenal Luis Traglia, vicario de Roma. Su misa solemne la celebró el 9 de noviembre. Y el 22 de julio de 1948, celebra su misa en el templo parroquial de su pueblo. A partir de ahí, su primer destino fue el Seminario de Badajoz. Un año de coadjutor en Segura de León. Tres años en Seminario como formador de latinos y profesor de Latín y Lengua Castellana.
 
Durante estos años creó la primera escolanía del seminario en la que se encontraban, entre otros, Carmelo Solís, Joaquín Fernández Picón, Enrique Gajardo, Juan Luis Cordero, Miguel Ponce, Ángel Vinagre Pallero o Juan Antonio Jiménez Lobato. Sus excepcionales dotes musicales le llevan a formar la escolanía, germen de la Schola Cantorum del Seminario.

El 17 de enero de 1953 es nombrado cura ecónomo de Calamonte hasta el 1975 que pasó a Alcuéscar (Cáceres) para vivir la vida religiosa con los Esclavos de María y de los Pobres. Y después de muchos años ejerciendo su influjo con los hermanos de Alcuéscar decidió regresar a sus orígenes y vuelve a su pueblo.

En su misa funeral, que estuvo presidida por el arzobispo de Mérida-Badajoz, Celso Morga, su amigo y compañero de la Asociación Cultural Fontanesa, Jesús Lozano Mateos, pronunció estas palabras en forma de elegía a “un hombre bueno, entrañable y querido por todos”.

“Querido Don Cesáreo:

Siempre le admiré por su aguda inteligencia y hoy me la ha puesto una vez más de manifiesto.

¡Qué listo ha sido! Ha emprendido el eterno viaje a la Morada del Padre en una fecha señalada, cuando celebramos el Triduo a su Cofradía, la de Ntro. P. Jesús Nazareno, María Santísima la Soledad y San Juan Evangelista, su cofradía más querida, para que los hermanos, hoy huérfanos, eleven con sus oraciones su alma a las regiones celestes.

Hoy nos estarás mirando desde las alturas eternas del azul en gozosa compaña con los amigos que tantas veces cantaron bajo el influjo de tu sabia mano o gozaron con tu afecto: Manolo Domínguez, Fernando Casildo, Alfonso Herrera, Pepe Rodríguez, Josefito, Paco Gordillo, Enrique y Antonio Gajardo, Antonio Benavente y los demás de la Asociación Cultural Fontanesa, que hoy estarán más contentos por tu llegada, o el que te ha precedido en el camino, nuestro común amigo Francisco Ortiz Ponce, y tantos y tantos hermanos de las cofradías de la Virgen de la Cabeza, de Ntra. Sra. del Mayor Dolor, la Hermandad de la Virgen de los Dolores y otras muchas que gozaron con el influjo de tu música.  

La Virgen de la Soledad que tantas veces sintió la caricia de tus manos cuando la engalanabas para procesionar en la Semana Santa Fontanesa, hoy se siente más sola.  

Hasta las voces de los que todavía cantan las glorias del Señor en la Coral Fontanesa desde el coro, hoy nos suenan más teñidas de dolor y nostalgia.

Hoy y ahora, quiero, en esta dolorosa despedida, reconocer tu valía en nombre de la Comunidad Parroquial a la que serviste con tu entrega total de servicio y la magia de tu música, en nombre de las hermanas, de antes y de ahora de la Residencia de Mayores donde fijaste tu morada y en nombre de los muchos coros que nos trajeron y nos traen la primavera de tus cantos.

Quiero agradecerte, poniendo mi voz a la voz de los fontaneses, cuyo nombre, Fuente del Maestre, que siempre llevaste en lo más hondo de tu corazón, lo mucho que has aportado a nuestra cultura.    

Y termino citando a Miguel Hernández desde mi óptica de hombre de fe, porque sé que, amigo, hermano y padre Don Cesáreo, que tu vida no termina aquí, sé, con la firmeza de la fe, que  ahora gozas de la paz y la presencia de Dios recibiendo el premio a una vida encaminada desde tu infancia a la Casa del Padre,

Pero, me vas a permitir que aunque teñido de esperanza, no tengo más remedio que  comulgar con el poeta cuando muestra su profundo dolor por la pérdida de un amigo y quiere mantener viva su memoria cuando exclama:

“A las aladas almas de las rosas / del almendro de nácar te requiero / qué tenemos que hablar de muchas cosas / compañero del alma, compañero”.”

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