Viñaoliva, hacia la economía creativa

Los actuales niveles de producción agrícola y precios obligan a repensar el modelo, redirigir nuestras acciones y estrategias. Tenemos un reto importante por delante: resolver la crisis de precio y de producción. Por eso tenemos que reevaluar nuestras alternativas, tenemos que ser capaces de identificar el nuevo tablero con el cual estamos jugando y tenemos que comprender que nuestros productos deben evolucionar, que nuestros mecanismos de comercialización se van a modificar y no solamente se trata de llegar de la mejor manera o al menor costo al mercado que atendemos, sino que tenemos que ser capaces de encontrar el mecanismo para llegar a más mercados con mayor valor y retorno.

Ante este contexto destacamos el camino recorrido y el logro conseguido por  Viñaoliva, con grandes esfuerzos en el aprovechamiento de los subproductos del vino. Del orujo generamos alcoholes para usos industriales y energéticos, biomasa, compost y pepita para aceites. De las lías producimos alcoholes para aguardientes, tartratos para usos alimentarios... generando la máxima eficiencia posible y diversificando la presencia en los mercados para generar mayor valor y retorno hacia el socio, cumpliendo así con la llamada economía circular.

Destaca también el papel que juega el concentrador de mostos, con posibilidades de atender mercados nacionales e internacionales de  zumos o  vinificación mediante productos como zumo de uva concentrado, mosto de uva concentrado 65-68 brix y mosto de uva sulfitado.

Pero, ¿qué es la llamada economía creativa? El profesor británico John Howkins fue el primero en acuñar una definición al respecto a primeros de siglo que decía: “La economía creativa es el sector económico que involucra la generación de ideas yconocimiento a la hora de generar riqueza”.

Al menos así lo cree la ONU, que ya en diciembre de 2019 declaró este 2021 como el “Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible”.

Todo lo visto hasta ahora nos lleva a una conclusión muy clara: España como país y la totalidad de su tejido empresarial, incluyendo a las explotaciones de tamaño medio y los autónomos, están ante una oportunidad única para subirse a un carro ganador, sumándose a la ola de la modernización y la transformación digital, como la que lleva adelantada ya el grupo Viñaoliva gracias al trabajo que ha venido haciendo estos años atrás con la continua modernización de sus procesos e instalaciones para que los productos de sus socios de base puedan llegar a nuevos mercados nacionales e internacionales, más allá de donde lo hacen sus propias cooperativas. También empezamos a ser referentes en el ámbito de la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. Por ello, conviene no dejar escapar la oportunidad, la que para muchos es la tercera palanca de crecimiento más clara que existirá en la era post-pandemia y que pasa porque las ideas de negocio tengan en cuenta a la industria creativa.

La reconstrucción debería ser en clave sostenible y prueba de ello serán las ayudas de los llamados Fondos Next Generation, con asignaciones del presupuesto de al menos el 37% para transición ecológica y el 20% a la transformación digital. Otra prueba evidente del camino a seguir es la nueva PAC, con un marcado enfoque medioambiental, con presupuestos de más del 40%. Y si hay un sector en el que la transformación digital tiene sentido es el de la agricultura porque todas las tecnologías se aplican de manera directa.

Es mucho lo conseguido, pero es momento de implementar estrategias que comuniquen y nos posicionen en mercados que valoren la producción sostenible mediante el desarrollo de métodos digitales de producción que se deriven de nuestro propio campo, de nuestra forma de producir. Desarrollar una estrategia de sostenibilidad basada en la situación productiva que tenemos para generar valor y logar  alternativas viables a la actividad agrícola que permitan la continuidad de los entornos rurales.

Hacer un mundo mejor es tarea de todos: de los individuos, de las instituciones y, cada vez más, de las cooperativas. La crisis actual derivada de la pandemia ha realzado a las explotaciones agrícolas que contribuyen a que el entorno sea más sostenible y la sociedad más justa, y así lo comunican al mercado. Estas cooperativas no solo están convencidas de que hay que hacer esta contribución, sino que, además, supone una mayor rentabilidad y una gran oportunidad de negocio.

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