Una víctima de violencia de género narra lo difícil que es enfrentarse a su realidad

Coincidiendo con la celebración del Día Contra la Violencia de Género, La Gaceta Independiente recupera la historia de una víctima, con el objetivo de poner de manifiesto las dificultades crónicas que acarrea esta lacra social. F.C.P es una mujer de Villafranca de los Barros que estuvo con su pareja 34 años, 24 de ellos casada y padeciendo maltrato psicológico, verbal y físico los últimos 12 años, según narra ella. En agosto del 2013, la víctima, con un hijo de 22 años en aquel momento, se decidió a denunciar.

Cuando su expareja volvió de declarar ante la Guardia Civil se desencadenó la agresión hacia ella. “Mientras mi hijo retenía a su padre, conseguí con su teléfono llamar a la Guardia Civil, que acudió rápidamente”, relata la víctima. El juicio rápido se celebró de inmediato y le pusieron a su expareja una orden de alejamiento. Esta víctima cuenta que dar el paso es díficil “primero porque en el terreno personal nos sentimos culpables de lo que nos pasa y, en mi caso, me daba vergüenza que mis padres supieran lo que estaba sucediendo”.

Nuestra protagonista trabajaba en el momento de la denuncia, pero nos cuenta que muchas mujeres hoy en día no se atreven a dar el paso porque dependen económicamente de sus maridos. Las ayudas son insuficientes y deberían darse analizando cada caso individualmente, según la opinión de esta vícitma, que considera que las ayudas genéricas “pueden verse afectadas en ocasiones por la picaresca o las denuncias falsas, que tanto daño hacen a las mujeres que padecen o hemos padecido esta situación”.

Hay muchas carencias legales por resolver y cuestiones de seguridad, como que te aconsejen irte a la Casa de la Mujer cuando tu trabajo lo tienes en Villafranca. “Más que de las instituciones yo me he sentido ayudada por profesionales y guardias civiles que, a título personal, me han ayudado muchísimo”. En cambio la protagonista de nuestra historia denuncia muchas carencias, como el hecho de que su hijo no fuese considerado vícitima, al ser mayor de edad, en el momento de la separación.

Ella se siente especialmente orgullosa de la persona en la que se ha convertido su hijo y está covencida que sin su apoyo no hubiera dado el paso de denunciar a su padre hace ocho años. Ahora, ya no se siente víctima de violencia de género, considera que ha superado esa etapa de su vída y, a sus 57 años, lo que espera es encontrar un trabajo que la permita vivir de forma autónoma.

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