Un Tribunal de Jurado condena a 20 años de prisión al hombre acusado de asesinar a golpes a la que era su inquilina en una finca de Zafra

Le golpeó hasta 40 veces en menos de 10 minutos produciéndole, según la sentencia, un sufrimiento atroz. El condenado no podrá acceder al tercer grado penitenciario hasta tener cumplida la mitad de la pena.

La Audiencia Provincial de Badajoz, después del juicio celebrado con Tribunal de Jurado, ha condenado a 20 años de prisión por un delito de asesinato al hombre acusado de acabar con la vida de su inquilina en una finca de Zafra, tras golpearla en la cabeza y en la cara con una barra metálica de desencofrar, durante 10 minutos y más de 40 veces, ocasionándole además un “sufrimiento atroz”.

El tribunal, que le aplica los agravantes de alevosía y ensañamiento, le condena además al pago de una indemnización de 31.250 € a cada uno de sus dos hijos, y de 18.750€ a cada uno de los siete hermanos de la víctima. El condenado, al que se le descontará de la pena de prisión el tiempo que ha estado encarcelado de manera preventiva, desde el 31 de enero de 2020, no podrá acceder al tercer grado penitenciario hasta que no cumpla la mitad de la pena impuesta.

En agosto de 2019, el condenado había firmado con la víctima un contrato en precario, según el cual, el le cedía gratuitamente el uso de una finca y del cortijo que estaba dentro de la misma, así como a costear los gastos de suministros (luz, agua, bombona de butano…) a cambio de que ésta le cuidara a sus animales, para los que también se comprometió a suministrar el alimento.

Con el paso de los meses, la relación entre el arrendatario y la inquilina se fue deteriorando, dado que ésta le reprochaba que no estaba cumpliendo con los compromisos adquiridos de hacerse cargo de los gastos de suministro y de la alimentación de los animales.

En noviembre de 2019, el condenado instaló varios candados en la finca para impedir que la víctima pudiera moverse libremente por ella, y le exigió, mediante conducto notarial, poner fin al contrato de precario, pidiéndole que abandonara la finca antes del 10 de marzo del año siguiente.

El 30 de diciembre enfermó un potro propiedad del condenado, la víctima tuvo que cuidar de él y prestarle atenciones, negándose el acusado a avisar a un veterinario; lo que dio lugar a que aquella tomara la decisión de retrasar el desalojo de la finca a fin de no dejar a los animales a merced de éste.

En la mañana del 31 de enero el acusado acudió a la finca y su inquilina comenzó a discutir con él por el trato que daba a los animales, grabando la discusión con su teléfono móvil, de lo que avisó previamente al encausado.

Al llegar a la finca, el acusado ya había cogido una palanca de desencofrar de metal (objeto contundente de cuerpo alargado con espinas en sus extremos presentando bordes cortantes), que estaba escondida en el interior de un saco y transportó dicha herramienta, oculta en el saco, mientras se desplazaba por la finca siguiendo a su inquilina con el único fin buscar el momento adecuado para arrebatarle la vida.

En un momento dado, y tras comprobar que no fuera observado por los vecinos, el acusado extrajo del saco la barra de hierro y golpeó a su víctima repetidamente, hasta 40 veces, con la intención de acabar con su vida y de aumentar su dolor deliberadamente. La víctima falleció a causa de los golpes y asfixiada por su propia sangre.

Los hechos fueron presenciados por un vecino de una finca colindante que gritó al agresor para que parara pero que no pudo hacer nada para impedirlo por encontrarse a cierta distancia e interponerse varias alambradas, avisando al acusado de que iba a ir al cuartel en ese momento a denunciar los hechos.

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