Ha fallecido el guarnicionero Juan García García, nacido en Los Santos de Maimona

Dice el diccionario de la lengua española que guarnicionero es aquel operario que trabaja o hace objetos de cuero, como maletas, bolsos, correas, etc. Pero que también es el fabricante o vendedor de guarniciones (correajes que se ponen a las caballerías).

En definitiva, la guarnicionería es el arte de trabajar en diversos artículos de cuero o guarniciones para caballerías, así como a la fabricación o arreglo de sillas de montar de caballería, albardas y aparejos: las monturas para los caballos y las albardas y aparejos (para montar los animales) para asnos y mulos.

El pasado 3 de mayo fallecía a las 9 de la mañana el santeño Juan García García, guarnicionero muy querido entre los vecinos de Ribera del Fresno y toda su comarca. Lo hacía a los 84 años y rodeado de toda su familia.

Juan había nacido en Los Santos de Maimona un 29 de noviembre de 1937, hijo de Cayetano, natural de Fuente de Cantos y de la santeña Paula García, localidad esta última donde nuestro protagonista creció y aprendió el oficio por el cual sería conocido en numerosas regiones españolas desde donde le llovían los encargos en aquellos tiempos en los que sólo el boca a boca harían el trabajo que ha sido remplazado hoy por ‘el internet’ y el mundo virtual.

Para una de sus hijas, Rita, “mis abuelos se vinieron muy jóvenes a trabajar a Ribera, y con ellos mi padre, entonces contaba con dieciséis años”. Una familia que se asentaría primero en la calle Coso de esta localidad pacense hasta que se mudaron a la hoy calle Francisco Pizarro, muy próximos a una vecina muy especial, María Luisa Montero, que ya vivía en la calle La Cerca, y quien años más tarde terminaría siendo su mujer.

Su hija María Luisa recuerda con nostalgia la de veces que su padre le ha narrado cómo comenzó esta profesión tan apasionante para él. El arte de la guarnicionería lo aprendió de su maestro, Antonio Rey, fueron muchas las veces anteriores en las que mirando desde la ventana se dejaba llevar por el movimiento de la aguja de su paisano hasta que un día este, cuero en mano, cedería el testigo a aquel aprendiz tan curioso, a quien le acabaría uniendo una bonita amistad y vocación. Así Juan, una vez llegado a su nueva residencia, año 1953, ya sabría coser y fabricar aquellos correajes para las caballerías que después llegarían hacer sus encargos habituales en este nuevo despacho que hasta ahora no tenía mercado ni comercio en la localidad.

Su primer trabajo, ya que su padre entró a trabajar para una casa grande de Ribera, la de doña Alegría Vargas-Zúñiga y don Joaquín Álvarez del Vayo, como labrador, sería destino también para su hijo, este como mozo de mulas. Así por las tardes, tras dejar los aperos de las bestias de la calle beato Juan Macías, cogería los aperos de los carros para arreglarlos y viceversa, sin abandonar nunca la guarnicionería que tanta satisfacción durante su vida le aportó.

Esta entonces novedosa empresa se establece bajo arriendo en la actual avenida de Extremadura número 43, que años más tarde sería conocida por Bar Pechete, donde demostraría su habilidad con la aguja, el cuero y todo tipo de pieles que caían en sus manos. Creó escuela en esta villa formando a muchos de los jóvenes que entonces al igual que él se rendían a este oficio, tal vez atraídos por el olor a cuero. Por aquí pasaron Francisco Caballero: “Fue mi maestro, cuando se pasó de los carros a los remolques, los aperos eran distintos, se hicieron muchos, prácticamente todos los labradores los cambiaron”. Recuerdo que comparte Juan Pavón Rodríguez: ·”Yo me acuerdo del gran patio de la ferretería, en su interior una nave, donde cosía y hacia los aparejos y la jáquima, estuve un tiempo de aprendiz con él y mi amigo Isidro Campillejo Fuentes”, e incluso aprendices venidos de la Fuente del Maestre, como su tocayo Juan, casado con una paisana suya “que venía a trabajar ahí el material y todos los aperos y aparejos de las mulas, burros y yeguas que luego se lo llevarían a venderlo a la feria de Zafra y a todos los alrededores”, nos apunta María Luisa. Maestro fue también Juan García de Miguel Báez, años más tarde fundaría este último Toldos Báez, labor que continúa aún su hijo.

A mediados de la década de los sesenta este santeño vería de nuevo una de las oportunidades de su vida; corría el 1966 cuando Gonzalo López García dejaba la ferretería ubicada en avenida de la Constitución hoy y Juan se haría con el traspaso, oficio que compaginó con el cuero hasta su jubilación en noviembre de 2002. Ya que se lo permitía la salud, la ilusión y ganas de ver los resultados finales de toda una amplia gama de artículos que habrían pasado por sus manos, modelos colores y vestuario a sus caballos y jinetes. Como telones para la aceituna, “aún recuerdo a mi padre y mi madre cosiendo en la puerta de la calle de la tienda con una máquina de coser, mi madre le ayudaba y luego ya él se dedicó más a eso, ha seguido cosiendo unos zahones muy bonitos que tiene de material el grupo Folklórico Valdemedel, eso se lo tiene hecho mi padre”.

Poco antes Juan había casado con María Luisa (+02/06/2015) un 16 de junio de 1964, fruto de esta unión Juan conoció cinco nietos y un biznieto que hoy deja, a quienes transmitió el amor por la naturaleza, los animales y el hacer el bien sin mirar a quién.

Y es que en 1980 este santeño apasionado al mundo animal se haría con una parcela en la carretera de Los Santos de Maimona que convierte en huerto y comienza a sembrar calabazas con un único deseo, criar la más grande para entregarla a la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella de su pueblo, en él siempre presente.

En este campo que él tenía, Casa Blanca, su huerto, sus animales y su recreo, siempre lleno de gente de amigos y personas que se acercaban a saludarle a diario, abierto a todo el mundo. Juan cuidaba de caballos, afición que él transmitió a jóvenes ribereños, como Manolín Vázquez quien hoy sigue con ella o Isidro Ortiz, quien entraría a trabajar poco después en un picadero, actualmente ya dispone del suyo y ambos guardan bonito recuerdo de como Juan fue su maestro, quien les enseñó a montar a caballo.

Asiduo a colaborar con toda aquella persona, institución, asociación que se lo pidiese, a familias necesitadas, Juan ha paseado su saber por el CEIP Meléndez Valdés y el IESO Valdemedel de Ribera del Fresno por sus diferentes semanas culturales, exposición para el Ayuntamiento de la localidad, como enseñarle a los más pequeños la guarnicionería, experiencias vividas, herramientas, estando siempre dispuesto en su labor altruista, ya fuera en forma de tomates, calabacines, pimientos, reparación de cinturones, de jáquima para un caballo etc. Eso no es nada”. Y si alguien a este gesto de buena voluntad daba las gracias, él siempre tenía respuesta para ello; ‘las gracias, para el gato’, bromeaba.

Según su familia, fue un hombre que vivía a su manera, sin conocerte te tendía la mano, rompía el hielo con sus peculiaridades tales como "¿dónde vas artista?" o su "ay" expresado a modo de saludo. Destacaba por su generosidad; a todo aquel que iba a su "campo, les obsequiaba con frutas y verduras de su huerto; también por su ya nombrada afición al caballo y por supuesto, a lo que fue su profesión y vocación, el cuero, quedando cada artículo perfecto y como él decía, "las cosas hay que quedarlas curiosas" para que sus clientes marcharan satisfechos. De carácter fuerte y personalidad marcada que no siempre podía tener buena respuesta, pero desde que se nos ha ido, no dejamos de tener llamadas y llamadas de personas que han sentido su marcha y nos ha quedado un mensaje que nos ha emocionado el corazón: se dejaba querer y ha dejado huella en nuestro pueblo”, concluye su nieta Alicia.

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