Alfonso Sánchez: “Seguir llevando alimentos y ayuda humanitaria a los refugiados saharauis es primordial”

El presidente de la Asociación Extremeña de Ayuda al Sáhara ha pasado por Radio La Fuente para hablar de proyectos como los huertos solidarios

El fontanés Alfonso Sánchez Baisón es desde el año 2014 el presidente de la Asociación Extremeña de Ayuda al Sáhara, un colectivo que aglutina a las antiguas Asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui. Desde la asociación citada continúan con los programas de ayuda humanitaria que éstas venían realizando, pero con el foco puesto en la cooperación al desarrollo y en la sensibilización social hacia un pueblo (Sáhara Occidental) que, conforme al derecho internacional, sigue siendo territorio español y sigue sufriendo la represión marroquí y el aislamiento de la sociedad internacional.

C. Llamazares: Lógicamente, sigue siendo urgente y muy necesario seguir llevando ayuda humanitaria y de emergencia social a los campamentos de refugiados, es la base de otros proyectos más ambiciosos y la forma de dar a conocer a los ciudadanos cuál es la situación que allí se vive …

A. Sánchez: Evidentemente, y más tras una pandemia que aún no ha terminado. Una vez me dijo un representante de MedicusMundi que su labor sería inútil si, al menos, la población no contara con alimentos y agua. Por eso, hemos seguido con el Programa “Vacaciones en Paz”, que ha sido el mejor escaparate para que la gente conociera cómo viven allí, y para que se crearan vínculos afectivos muy fuertes con el pueblo saharaui.

    Por el año 2005, llegamos a traer hasta 960 niños a Extremadura. Niños que venían con problemas de desnutrición y de salud, algunos muy graves. Esto hizo que las familias tuvieran un contacto estrecho con las familias de los niños, y que algunos se quedaran en forma de acogida con familias extremeñas. Este año, desgraciadamente, seguimos a la espera de que unos 200 puedan venir y ofrecerles unas condiciones de vida que allí son inimaginables.

C.: Otro proyecto fundamental ha sido el de las Caravanas por la Paz… En alguna ocasión, han partido de Fuente del Maestre con toneladas de alimentos.

A.: Sí, así es. Hemos llegado a transportar más de 30.000 kilos de comida. Pero que siempre se queda corta por los retrasos en la entrega, y porque allí no hay nada. También hemos llevado alimentos a las guarderías, y otro tipo de ayudas.  Pero la comida se agota, dar comida es tan necesario como relativamente fácil. Lo que queremos desde un principio es desarrollar proyectos económicos que den trabajo y generen un pequeño sistema o modo de vida allí. Lógicamente será pequeño, pero a veces lo pequeño en un sitio donde sólo hay arena y un vasto cielo, puede ser algo mucho más importante de lo que podemos imaginarnos los que vivimos aquí.

C.: Recuerdo, por ejemplo, ese proyecto de los 90 de crear huertos en el desierto, que siguen funcionando…

J.: La puesta en marcha de lo que llamamos los Huertos de Extremadura, en Dakhla, fue como una locura que, con empeño, logramos poner en marcha. Empezamos de repente a creer que, si hay voluntad y ganas, todo es posible. Y allí nos plantamos gente de Los Santos, Villalba, Aceuchal y otros lugares de Extremadura. Con esfuerzo y mucha ilusión nos llevamos todo lo necesario: las semillas, tractores, maquinaria para instalar riego por goteo y tierra, tierra fértil de Los Santos, ¡en sacos! Es justo decir que los italianos habían intentado antes algo similar, pero fracasaron porque se olvidaron de que la tierra de allí es arena salina, arena estéril. Y nosotros llevamos una desalinizadora, además de tierra de cultivo.

Y ahí están los invernaderos, funcionando perfectamente desde finales de los 90. Un proyecto que da trabajo a 100 personas, de las que el 90 % son mujeres. Sentimos que fue como un milagro. Y dijimos que, si habíamos sido capaces de montar huertos fértiles en el desierto, podríamos hacer cualquier cosa.

C.: Proyectos como el que anunciaste el pasado 9 de Julio en la Casa de la Cultura de Fuente del Maestre, justo antes de una representación teatral solidaria a cargo de la compañía segedana “Ateatra2”.

A.: Ahora estamos consultando con técnicos especialistas en cómo podríamos montar una cooperativa de productos lácteos en los campamentos. Como cualquier proyecto, partimos con lo que allí puede haber de válido. En este caso, los rebaños de ovejas que pastorean las mujeres … Estamos ideando un sistema de recogida de la leche y cómo puede llegar de forma perfecta a una nave en la que elaborar quesos, yogures … Estamos en los inicios, pero tras la experiencia de los huertos, estoy convencido de que saldrá adelante.

C. Me hablabas de sensibilización social como otro de los ejes fundamentales de la asociación …

A.: Claro, información y sensibilización. Hemos hecho charlas en las que utilizamos muchas imágenes para que la gente, la sociedad tome conciencia de las situación tan dura que se vive allí. Y, de cara a mediados de octubre, estamos planteando unas jornadas en Mérida en las que se informe, se analice a fondo la situación, o el contexto histórico en la que encuadrarla. Es uno de nuestro grandes proyectos para este año.

C.: Tú has ido varias veces a Tindouf, a los campamentos de refugiados y conoces muy bien cómo es la vida allí. Pero además tienes una historia personal que ha marcado tu vida y la de tu familia

A.: Yo tengo una historia maravillosa, una historia que ha salido bien. Yo me traje un verano a una niña del programa “Vacaciones en Paz”. La llevamos al médico para que le hiciera una revisión, y nos encontramos con que traía cáncer, un cáncer sin tratar y que, de no hacerse, hubiera supuesto el fallecimiento de la cría. Por suerte, su familia biológica nos dio el consentimiento para que se quedara aquí, y al final se ha quedado con nosotros, como una hija más que nos ha dado tres nietos. Siempre, claro está, en contacto estrecho con sus padres que ya han fallecido. Porque, en contra de lo que la gente piensa, esos niños que vienen no pueden ser adoptados, sí acogidos como es el caso de nuestra hija.

Al principio, las cosas no fueron fáciles. Porque yo lo tenía claro, pero también tenía que contar con el permiso de su familia, y con la opinión y el consentimiento de la mía, y de mi entorno… Y salió todo adelante con naturalidad.

Yo me he ido a la cama algunas noches viendo cómo mi hijo cristiano rezaba frente a su crucifijo, mientras que mi hija rezaba a su dios, en la misma habitación, como hermanos que son, y que se respetan y se quieren…

Me pareció una imagen preciosa …

Sí, me gustaría terminar recomendando a la gente que visite los campamentos de refugiados, y que descubran una humanidad y unos valores que aquí hemos perdido. Una experiencia inolvidable.

Buscar artículo

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las 'cookies'. Sin embargo, puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.