Del peor desierto del mundo a las aulas extremeñas

Diecisiete estudiantes refugiados saharauis llegarán a Extremadura para retomar sus estudios en centros educativos de la región

Hamada: lugar donde el desierto se olvida del mar y de las dunas y se convierte en un erial pedregoso, el infierno. La hamada argelina es conocida como el desierto de los desiertos, y ahí es donde subsiste hace más de 46 años la población saharaui, una de las poblaciones refugiadas más antigua del mundo.

De allí provienen los 233 estudiantes del proyecto Madrasa que en estos días llegan a España para retomar sus estudios en diferentes centros educativos de todo el país.  Es éste, un proyecto educativo, humanitario, solidario y de cooperación internacional con jóvenes saharauis de los campos de refugiados.

Estos menores ingresan en el programa a partir de los 12 años para incorporarse en el sistema educativo español. De esta forma se les ofrece oportunidades de futuro que, de otro modo, no podrían tener.  Su estancia durante el curso escolar se realiza, mediante acogimiento temporal, con familias con las que previamente han convivido en el programa Vacaciones en Paz.

Las familias de acogida asumen todo el esfuerzo económico de la estancia de los menores aquí, proporcionándoles la cobertura afectiva y económica que necesitan.

En Extremadura, el proyecto es gestionado por la Asociación Madrasa Extremadura y por él han pasado, a lo largo de sus más de 7 años de trayectoria, 26 estudiantes. Para el curso que comienza en los próximos días, 17 jóvenes saharauis acogidos en 14 municipios de la comunidad extremeña, inician o reanudan sus estudios.

A la vista que es un programa consolidado en Extremadura, se hace necesario que las administraciones públicas se impliquen en su desarrollo para hacerlo crecer y mejorar. Principalmente en cuanto a cobertura sanitaria se refiere, ya que estos estudiantes no pueden acceder a prestación sanitaria pública sin una instrucción previa por parte de la Consejería de sanidad y servicios sociales, algo por lo que se lleva luchando desde los inicios del programa sin respuesta positiva hasta el momento.

Mientras esto sucede “las familias de acogida seguirán apostando por este programa desde el convencimiento que todas las personas tienen derecho a la educación, la sanidad y a un desarrollo integral que les permita labrarse un proyecto de vida”.

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